CORPUS CHRISTI 2017

La fiesta del Corpus Christi ya tiene sus precedentes en los s. VII y VIII. El enfoque que los cristianos daban a la Eucaristía era algo distinto del de las épocas anteriores, y la diferencia aumentó con las controversias eucarísticas del s. IX, hasta el punto de ver en las especies eucarísticas, omitiendo todo simbolismo, la sola presencia real de Cristo. Simultáneamente, la conclusión teológica de la presencia de Cristo todo en cada una de las especies, junto con la tendencia a ver en cada rito y momento de la Misa una repetición detallada de la historia de la Pasión más que participación en el manjar sacrificial del cuerpo y la sangre de Cristo, van preparando el movimiento eucarístico que se origina. Berengario de Tours (m. 1088; v.) negó la presencia eucarística, pero su influencia fue minoritaria, debido a que su planteamiento fue racional. Son los movimientos cátaro (v.), albigense (v.) y valdense (v.), con su interpretación de la pobreza evangélica y su negación de la Eucaristía, los que por reacción influyen en el desarrollo de la devoción a la presencia real eucarística. Por parte católica se proliferan entonces abundantes milagros eucarísticos, de muchos de los cuales no se puede tener seguridad histórica. Con todo ello se fomenta inmensamente la devoción típica de estos tiempos de ver la hostia consagrada. Hubo algunos excesos, pero la prudencia de la Iglesia supo aprovechar de todo ello lo que verdaderamente había de enriquecer la auténtica piedad cristiana (V. EUCARISTÍA).


La fiesta del Corpus Christi. La fiesta se introdujo en el s. XIII y tuvo decisiva participación en ello la religiosa juliana de Rétine (v. JULIANA DE CORNILLON, BEATA), que tuvo una revelación privada según la cual el Señor deseaba la introducción de esta fiesta. Una comisión encargada por el obispo de Lieja aprobó esta visión y en 1246 se ordena su celebración en la diócesis. El papa Urbano IV, con la bula Transiturus de 11 ag. 1264, ordena la fiesta universal del Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Clemente V (m. 1314) y el conc. de Vienne confirmaron la fiesta; ahí comenzó su rápida propagación y un inmenso movimiento de piedad popular en todo el Occidente.


El centro de la fiesta había de ser, según describía Urbano IV, un culto popular en himnos y alegría (no nombra ni la Misa ni la procesión). Por eso, lo primero que se estableció fue el oficio de lecciones, antífonas, himnos y responsorios. Se conservan restos de un primer oficio, pero el que ha predominado, con ligeros retoques en la reforma tridentina, se atribuye fundadamente a S. Tomás de Aquino. Consta que el santo, a petición de Urbano IV, compuso alrededor de 1264, dos oficios, uno, provisional e incompleto, encabezado por la antífona Sapientia aedificavit y otro, completo, encabezado por la antífona Sacerdos in aeternum. Estos oficios se basaron en alguna parte en el primitivo y no es extraño que no se los coloque entre las obras del Santo; sin embargo, su presencia es bien patente en la admirable síntesis bíblicoteológica de su composición, especialmente en las oraciones y en la antífona del Magníficat O Saerum Conviviurn. Las melodías no fueron originales, pues se conserva un manuscrito de 1309 que da las melodías previas a las que los nuevos textos se adaptaron. El oficio y la Misa son de una extraordinaria riqueza, especialmente por la admirable compenetración del Antiguo y Nuevo Testamentos.


El sentido de esta fiesta parece en un primer momento una repetición del gran misterio pascual celebrado el jueves Santo. Sin embargo, allí se considera el aspecto sacrificial y aquí la presencia real. Su colocación en el tiempo de Pentecostés resalta por encima de todo la profunda realidad de la presencia de la Eucaristía en la vida de la Iglesia a partir de la presencia efectiva que en la Iglesia y en la Eucaristía tiene el Espíritu Santo, como lo vivió la Teología primera y la Iglesia oriental.


La procesión del Corpus Christi. Esta procesión no es la primera en la historia de la piedad eucarística, pues ya en el s. XI, en el norte de Europa se llevaba en la procesión del Domingo de Ramos la Eucaristía, y también con una gran piedad popular se venían haciendolas procesiones al lugar de la reserva el Jueves y Viernes Santo. Si bien Urbano IV no hablaba de la procesión con la Eucaristía, sus mismas frases la estaban describiendo y por eso casi contemporáneamente a la institución de la fiesta se dan testimonios de la procesión: en la diócesis de Colonia en 1279, Cataluña en 1314, Inglaterra en 1325 y Roma en 1350. La Eucaristía se llevó en un principio cubierta dentro de cálices, vasos o custodias cerrados o velados, pero pronto se pasó a los más diversos e ingeniosos sistemas de ostensorios (v. CUSTODIA; VASOS SAGRADOS).


Inicialmente la procesión, como se describe en el ritual romano en 1614, era sencilla y terminaba con la bendición final única. Pero, al menos fuera de Roma, pronto se unió a esta procesión eucarística otra anterior, de uso en Alemania especialmente, de bendición de los campos. Esta procesión, por no ser acto litúrgico, quedó a la libertad de las diócesis y fuera de la legislación de Roma. De este modo la procesión con el cuerpo del Señor pasa a ser una procesión con cuatro paradas en diversos altares para bendecir los campos en la dirección de los cuatro puntos cardinales y recitando los comienzos de los cuatro evangelistas. La bendición final tendría ya menos significado, aunque el uso y tradición de las distintas naciones y ciudades es diverso. El conc. de Trento vio en la procesión una manifestación y oración de acción de gracias frente a la derrota de las herejías contemporáneas que negaban la Eucaristía (Denz.Sch. 144316}4).

Esta procesión ha de estar íntimamente unida a la Eucaristía (v.) como sacrificio, en la que se consagrará la hostia que se lleva en la procesión (Ritual Romano tit. 10, can. 5, n. 2). Así los fieles no disociarán la presencia real de Cristo en la sagrada forma de su misma presencia por la Misa en la que se ha confeccionado el sacramento. Incluso si dentro de ella se diera la comunión a los enfermos, como suele hacerse en ese día, se completaría el sentido total del culto eucarístico. Esto es lo que la Iglesia ha propuesto en la Instrucción de la Sagrada Congr. de Ritos de 25 mayo 1967, Eucharisticum Mysterium, n. 59, bien recomendando que la forma que se expone a la adoración sea consagrada en el sacrificio Santerior (n. 60) a la misma procesión, bien considerándola como la procesión por excelencia, con sus cantos de acción de gracias y populares. Es una manifestación solemnísima de la Iglesia local en torno a su centro: la Eucaristía; por eso en el mismo lugar o población no debe haber más que una y en ella se han de agrupar las parroquias y religiosos, salvo los de estricta clausura (CIC 1292,1). Los ordinarios han de cuidar de que efectivamente en los tiempos actuales y circunstancias locales su organización y oportunidad sean tales que se realice con dignidad y sin menoscabo de la reverencia a tan augusto misterio.

BIBL.: M. RIGHETTI, Historia de la liturgia, I, Madrid 1951, 869874; J. PASCHER, El año litúrgico, Madrid 1965, 290309; E. DUMOUTET, Le Christ selon la chaire et vie liturgique au Moyen Áge, Beauchesne 1932; P. BROWE, Die Verehrung der Eucharistie in Mittelalter, Munich 1933; ID, Die Ausbreitung des Fronleichnamsfestes, «Jahrbuch fiir Liturgiewissenschaft» 8 (1928) 107; H. VANDENHOVEN, S. Thomas d’Aquin atil composé un office de Fétepieu?, «Paroisse et liturgie» 33 (1951) 173; L. M. J. DELAISSE, A la recherche des origines de !’office du Corpus Christi dans les ms. liturgiques, «Scriptorium» 4 (1950) 220239; C. LAMBOT, L’office de la FéteDieu, «Rev. Bénédictine» 58 (1942) 61123; R. M. GALLET, Bibliographia bij het Fest. Corporis Christi, «Studia Eucharistica» (1946) 415450; A. G. MARTIMORT, Les diverses formes de processions dans la liturgie, «La MaisonDieu» 19 (1950) 6373; F. CALLAEY, L’origine della (esta del «Corpus Domini», Rovigo 1958; B. FisEN, Origo prima festi Corporis Christi, Lieja 1628.

 

¿Se puede abrazar la vida monástica y ser monje en la actualidad?

¿Vivir en un monasterio sin ser monje? Se puede, en la Abadía benedictina de Santo Domingo de Silos (España). Los requisitos: tener entre 18 y 45 años y pensar “que el Señor te puede estar llamando a la vida monástica”. La próxima experiencia monástica se celebrará en julio de 2017.

La abadía de Santo Domingo de Silos ofrece “vivir como un monje” a hombres que se planteen la vocación

Si, después de la experiencia, alguno de los candidatos decide ingresar en el monasterio, deberá estar sujeto al horario de la abadía donde el día comienza con madrugón.

A las 06:00

Se rezan Vigilias y 40 minutos después se realiza la lectio divina, en la que “nos ponemos a la escucha orante de la palabra en el silencio y soledad de nuestra celda”, explican los monjes en su página web sermonje.eu.

A las 07:30

Los monjes rezan Laudes, donde “bendecimos y alabamos a Dios por sus maravillas y por el establecimiento de su Reino por la muerte y resurrección de su Hijo”.

A las 09:00

A esa hora llega uno de los momentos más importantes del día, la celebración de la Eucaristía, “centro de la vida de la Iglesia y de la jornada del monje”. La Misa “nos da fuerzas para el resto de día y nos ayuda a enfocarlo desde una perspectiva cristiana y monástica”.

Entre las 10:00 y las 13:45

Los religiosos de silos trabajan. “Trabajar es ofrecer nuestra vida y tiempo a Dios y a nuestros hermanos trabajando por el bien común. Es así una ofrenda de nuestro ser”.

A continuación, se sucede el rezo de Sexta, “una forma de volver a Dios tras una intensa mañana de trabajo”; y el almuerzo, en común y en silencio que para san Benito “es una imagen de la comunión eucarística en la que los hermanos parten el pan juntos”.

Tras la comida, la siesta, que proporciona al monje un tiempo de descanso que “nos permite afrontar el resto de la jornada con fuerzas renovadas”. Y seguidamente Nona, que se reza en el coro “para pedirle al Señor que siga inspirándonos al comenzar la tarde”.

Por la tarde

Entre las 16:20 y las 19:00 se vuelve al trabajo, que concluye con la oración de Vísperas (hasta las 19:45) y en la que “damos gracias a Dios por los bienes que de Él hemos recibido durante el día y recordamos la redención que Cristo ha obrado en nosotros”.

Al terminar el día

En la abadía de silos se vuelve a la lectio divina. “La Biblia es el libro del monje, donde todo lo encuentra y de donde saca cada día cosas nuevas y viejas que le ayudan a vivir como discípulo de Jesús”.

La cena, también en silencio, tiene lugar a las 20:30 horas y después hay un tiempo de recreación, donde “los monjes nos encontramos para compartir un rato de conversación, de anécdotas y de risas”, explican. “Así nos conocemos mejor y aprendemos a entendernos y a vernos como lo que somos: una familia”, añaden.

A las 21:30

En la oración de Completas “nos ponemos en manos de Dios al entrar en la oscuridad de la noche con la esperanza de que nos conceda la luz de un nuevo día”. Seguidamente, es el momento del “gran silencio de la noche: oración personal para el que la desee y tiempo para el sueño”.

Artículo publicado por José Calderero en Alfa y Omega

El Papa celebra la fiesta de la Santísima Trinidad.

En la fiesta de la Santísima Trinidad, el Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus y manifestó que Dios es misericordioso y rico en piedad que no se cansa de redimirnos.

Resultado de imagen de trinidadEl Papa comentó cómo las palabras de San Pablo “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” es fruto “de su experiencia personal del amor de Dios, el amor que Cristo resucitado le ha revelado, que ha transformado su vida y lo ha llevado a llevar el Evangelio a las gentes”.

“La comunidad cristiana, con todos sus límites humanos, puede convertirse en un reflejo de la comunión de la Trinidad, de su bondad y de su belleza”.

Resultado de imagen de trinidadFrancisco recordó que Dios “no está lejano ni cerrado en sí mismo, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, es amor que rescata al hombre de la infidelidad”. Es “misericordioso, tiene piedad, es rico en gracia porque se ofrece a nosotros para colmar nuestros límites y nuestras faltas para perdonar nuestros errores, para llevarnos por el camino de la justicia y de la verdad”.

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La vida eterna es trinitaria

“Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, Uno en la sustancia y Trino en las personas; Dios es todo y solo amor, en una relación subsistente que todo crea, redime y santifica: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

El Pontífice también explicó que la “vida eterna” es “el amor desmesurado y gratuito del Padre que Jesús ha donado en la cruz, ofreciendo su vida por nuestra salvación”.

“Este amor con la acción del Espíritu Santo ha irradiado una luz nueva sobre la tierra en cada corazón humano que lo acoge; una luz que revela los ángulos oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia”.

“Que la Virgen María nos ayude –concluyó– con todo nosotros mismos, a entrar cada vez más, con todo nuestro ser, en la Comunión trinitaria, para vivir y testimoniar el amor que da sentido a nuestra existencia”.

Fuente: ACIprensa

De vuelta al TIEMPO ORDINARIO

El llamado tiempo ordinario o, más propiamente, tiempo durante el año, es una de las partes del año litúrgico que han experimentado una transformación mayor en la reforma posconciliar. Considerado como un tiempo menor o “no fuerte”, en comparación con los ciclos pascual y de la manifestación del Señor, es lo bastante importante para que, sin él, quedase incompleto el sagrado recuerdo que la iglesia hace de la obra de la salvación efectuada por Cristo en el curso del año (cf SC 102). Por tanto, no se insistirá lo bastante en la riqueza y el valor de este tiempo litúrgico en orden a la contemplación del misterio de Cristo y a la progresiva asimilación de los fieles y de las comunidades a dicho misterio.

Significado del tiempo ordinario

Resultado de imagen de tiempo ordinario simboloEl tiempo ordinario desarrolla el  misterio pascual de un modo progresivo y profundo; y, si cabe, con mayor naturalidad aún que otros tiempos litúrgicos, cuyo contenido está a veces demasiado polarizado por una temática muy concreta. Para la mistagogia de los bautizados y confirmados que acuden cada domingo a celebrar la eucaristía, el tiempo ordinario significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la l celebración litúrgica de la iglesia.

Ahora bien, la peculiaridad del tiempo ordinario no consiste en constituir un verdadero período litúrgico en el que los domingos guardan una relación especial entre sí en torno a un aspecto determinado del misterio de Cristo. El valor del tiempo ordinario consiste en formar con sus treinta y cuatro semanas un continuo celebrativo a partir del episodio del bautismo del Señor, para recorrer paso a paso la vida de la salvación revelada en la existencia de Jesús. Cada domingo tiene valor propio: “Además de los tiempos que tienen carácter propio, quedan treinta y tres o treinta y cuatro semanas en el curso del año en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino que más bien se recuerda el misterio mismo de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos” (NUALC 43).

Contenido del tiempo ordinario

Resultado de imagen de tiempo ordinario simboloEl tiempo ordinario comienza el lunes siguiente al domingo del bautismo del Señor y se extiende hasta el miércoles de ceniza, para reanudarse de nuevo el lunes después del domingo de pentecostés y terminar antes de las primeras vísperas del domingo I de adviento (ib, 44).

Antes de la reforma litúrgica del Vat. II este tiempo se dividía en dos partes denominadas tiempo después de epifanía y tiempo después de pentecostés, respectivamente. Los domingos de cada parte tenían su propia numeración sucesiva independientemente de la totalidad de la serie. Ahora, en cambio, todos forman una sola serie, de manera que al producirse la interrupción con la llegada de la cuaresma, la serie continúa después del domingo de Pentecostés.

Pero sucede que unos años empieza el tiempo ordinario más pronto que otros —a causa del ciclo natalicio—. Esto hace que tenga las treinta y cuatro semanas o solamente treinta y tres. En este caso, al producirse la interrupción de la serie, se elimina la semana que tiene que venir a continuación de la que queda interrumpida. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la misa del domingo de pentecostés y la de la solemnidad de la santísima Trinidad sustituyen a las celebraciones dominicales del tiempo ordinario.

https://i0.wp.com/www.revistaecclesia.com/wp-content/uploads/2012/10/liturgia1.jpg?w=840El hecho de que el tiempo ordinario comience a continuación de la fiesta del bautismo del Señor permite apreciar el valor que tiene para la liturgia el desarrollo progresivo, episodio tras episodio, de la vida histórica entera de Jesús siguiendo la narración de los evangelios. Éstos, dejando aparte los capítulos de Mateo y Lucas sobre la infancia de Jesús, comienzan con lo que se denomina el ministerio público del Señor. Cada episodio evangélico es un paso para penetrar en el misterio de Cristo; un momento de su vida histórica que tiene un contenido concreto en el hoy litúrgico de la iglesia, y que se cumple en la celebración de acuerdo con la ley de la presencia actualizadora de la salvación en el aquí-ahora-para nosotros.

Por eso puede decirse que en el tiempo ordinario la lectura evangélica adquiere un relieve mayor que en otros tiempos litúrgicos, debido a que en ella Cristo se presenta en su palabra dentro de la historia concreta sin otra finalidad que la de mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los hombres la fe en la salvación que él fue realizando día a día.

Resultado de imagen de tiempo ordinario

Los hechos y las palabras que cada evangelio va recogiendo de la vida de Jesús, proclamados en la celebración en la perspectiva de las promesas del Antiguo Testamento —en esto consiste el valor de la primera lectura— y a la luz de la experiencia eclesial apostólica —la segunda lectura—, hacen que la comunidad de los fieles tenga verdaderamente en el centro de su recuerdo sagrado a lo largo del año a Cristo el Señor con su vida histórica, contenido obligado y único de la liturgia.

 

Pentecostés y la fundación de la Iglesia

Este domingo 4 de junio la Iglesia celebra la Fiesta de Pentecostés, día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles, de que el Padre enviaría al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizador

Fiesta de Pentecostés

Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).

Pentecostés / Waiting for the World (CC-BY-2.0)

PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu…


La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.

Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.

En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.

Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

PENTECOSTÉS Y LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA

Para muchos, el primer Pentecostés cristiano evoca la fundación
de la Iglesia bajo la acción del Espíritu. Antes de dejar a sus
apóstoles, Jesús les había prometido que les enviaría el Espíritu.
Los apóstoles se reunieron en Jerusalén, para esperar su venida. El
Espíritu vino cuando estaban todos reunidos, el día del Pentecostés
judío. Además vino de una manera bastante espectacular.

Los apóstoles empezaron inmediatamente a predicar la Buena Nueva de
la salvación, y todos entendían en sus respectivas lenguas, cuando
se les predicaban las maravillas del Señor… La Iglesia había nacido
definitivamente. He aquí en unas palabras cómo muchos cristianos
se imaginan los hechos.

Pero muy pocos se preguntan por qué la Pascua está separada
de Pentecostés por un período de cincuenta días. ¿Por qué la
fundación de la Iglesia se refiere a Pentecostés, en vez de a la
Pascua?. El don del Espíritu Santo en Pentecostés, ¿significa una
especie de comienzo absoluto? ¿En qué sentido se puede decir que
la misión universal comienza verdaderamente el día de
Pentecostés? Los apóstoles, de hecho, van a dar testimonio de la
Resurrección de Cristo, pero este testimonio no les induce a
abandonar Jerusalén para ir a todas las naciones.

En resumen, tenemos que hacernos dos preguntas: por una
parte, ¿cuál es el significado profundo del espacio de tiempo que
separa la resurrección de Cristo y la fundación de la Iglesia en el
día de Pentecostés? Y, por otra, ¿es realmente la fiesta de
Pentecostés la fiesta por excelencia de la misión universal? Estas
preguntas no son secundarias. Respondiendo a ellas ayudaremos a
los cristianos a captar mejor la originalidad de su fe en Cristo
resucitado y el alcance exacto de sus responsabilidades
misioneras.

-LA FIESTA DE PENTECOSTÉS EN ISRAEL, ANIVERSARIO DE  LA ALIANZA.

En sus orígenes, la fiesta de Pentecostés fue una fiesta de
recolección, como la Pascua era la fiesta del comienzo de la siega.
Pentecostés, fiesta de recolección y, por tanto, fiesta de
abundancia, es fiesta de alegría y de acción de gracias. Pero, al
mismo tiempo que la liturgia tiende a hacerse cada vez más histórica
y cada vez menos cósmica, las grandes fiestas del pueblo judío se
van a transformar.

Cuando la Pascua deja de ser una fiesta agrícola, para
convertirse en seguida en la celebración de la liberación de Egipto,
se trata de extender esta celebración a todos los acontecimientos
que han acompañado al Éxodo. Entre ellos, el mayor acontecimiento
es evidentemente la conclusión de la alianza del Sinaí, cincuenta
días después de haber salido de Egipto. Como la fiesta de la
recogida de la cosecha se celebraba siete semanas después de la
Pascua, era una fiesta muy indicada para conmemorar la alianza.
Desde el siglo II antes de Jesucristo, esta evolución había
terminado, y Pentecostés era la gran fiesta de la alianza.

ALIANZA/PLAN-D:

La alianza es una de las realidades más
fundamentales a la que dedican su reflexión los profetas. En un
momento decisivo de la historia religiosa de Israel, la alianza ha
definido las relaciones entre Yahvé y su pueblo. El plan de Yahvé
es el liberar al pueblo escogido, a través de los acontecimientos de
su historia; pero el contrato de la alianza lleva consigo una
exigencia esencial para Israel: que a la iniciativa salvadora de
Yahvé habrá que responder con la fe.

En realidad, y desde el período de prueba del desierto, el pueblo elegido rehúsa el entrar en los caminos -es verdad que muchas veces son desconcertantes- de su Dios. Responde con la incredulidad. ¿Son por esto un fracaso los designios salvadores de Yahvé? ¿No acabará el propio Yahvé
por cansarse? Estas preguntas no han cesado de hacer reflexionar
a los profetas. Todos ellos anuncian la cólera divina, pero también
el éxito futuro del plan de Dios.

Como la fidelidad de Yahvé es eterna, los profetas expresan su
seguridad de que un día el Dios vivo suscitará un colaborador
adecuado para la alianza. La esperanza mesiánica da testimonio de
esta certeza, que se confirma sin cesar.

Meditando sobre el futuro de la alianza, los profetas hablan
gustosamente de una nueva alianza. El Espíritu de Yahvé será
derramado abundantemente sobre toda carne. Los corazones serán
transformados y la nueva ley será grabada en ellos. Los preceptos
divinos no se deberán ya aprender de los demás. La misma
creación será renovada. Yahvé aparecerá entonces como el único
Salvador de su pueblo y El hará del pueblo su testigo ante las
naciones. La fidelidad del Mesías va a permitir esta definitiva
liberación.

JESÚS DE NAZARET Y LA ALIANZA EN EL ESPÍRITU.

La proclamación del Reino inaugura los últimos tiempos. Desde la
Anunciación, el Espíritu está obrando en la vida de Jesús. En su
Bautismo intervino el Espíritu de una manera solemne para conferir
a Jesús su investidura mesiánica. Durante toda su vida pública se
multiplicaron los signos de efusión del Espíritu.

Y cuando llegó el momento supremo de la muerte en la cruz, fue también el Espíritu el que emprendió la obra por excelencia: la Resurrección. En la
sangre derramada por el Mesías se ha sellado una nueva alianza, que es la que da comienzo al tiempo del Espíritu.

Todo se ha cumplido en el sacrificio de la cruz (Jn 19, 30). La
esperanza de los profetas se ha visto colmada. La nueva alianza se
ha consumado. He aquí que ha llegado ya el tiempo en que se ha
de dar culto en espíritu y en verdad. El Espíritu habita desde ahora
en los corazones y los transforma desde el interior. El acto redentor
y expiatorio de la cruz tiene una resonancia universal.

Toda la humanidad ha sido afectada por la acción del único
Mediador de la salvación. La solidaridad universal en el pecado deja
paso a una solidaridad universal en el amor.

Y, sin embargo, si es verdad que todo se ha cumplido, no es
menos cierto que todo está aún por cumplir. El Reino no desciende
prefabricado del cielo. La alianza en el Espíritu exige que el hombre
colabore como verdadero aliado de Dios en la realización de sus
designios salvadores. Esta alianza se fundamenta en el
Hombre-Dios, que es el que abre el acceso al Padre. El Hijo único
del Padre se rodea de hijos adoptivos.

Haciéndose obediente hasta la muerte en la cruz por amor a todos los hombres, el Hombre-Dios ha inaugurado en su persona el Reino definitivo, pero no ha suprimido la condición terrena del hombre. Por el contrario, la intervención de Jesús en la historia revela al hombre la verdad de su condición terrena. Cada uno está llamado a desempeñar un papel irreemplazable en la edificación del Reino.

El tiempo del Espíritu comienza definitivamente con la
Resurrección y la Ascensión de Cristo. Por su sacrificio en la cruz,
Cristo ha dicho al Padre, de una manera perfecta, el sí “filial” de
“criatura” que salva al hombre de una vez para siempre. Este SI le
constituye a la derecha del Padre en Primogénito de la verdadera
humanidad. El diálogo entre Dios y el hombre queda ya cimentado.
El Espíritu de Dios se revela por identidad como el Espíritu del
Verbo Encarnado.

La nueva alianza ha sido sellada en el amor. El tiempo del Espíritu ha dado paso a aquel día en que Jesús pudo decir a sus apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22).

PENTECOSTÉS Y EL BAUTISMO ECLESIAL EN EL ESPÍRITU.

Al ver la realidad del “costado” de Cristo, la Iglesia, que es su
Cuerpo, nace en el acto supremo del sacrificio de la cruz. Según el
testimonio de San Juan, el agua y la sangre que brotaron del
costado de Cristo cuando fue abierto por la lanza, evocan de un
modo suficiente este nacimiento. Además, desde la primera
aparición del Resucitado a sus apóstoles, lo esencial del misterio de
la Pascua ha sido ya evocado: “Como mi Padre me envió, así
también Yo os envío… Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 21-22).

Pero si consideramos esta misma realidad “desde el lado” de los
apóstoles, resulta que se pasan cincuenta días desde la
Resurrección hasta la venida del Espíritu Santo sobre la primera
comunidad cristiana. Del Viernes Santo a Pentecostés, tienen lugar
una serie de acontecimientos: la resurrección, las apariciones de
Cristo resucitado, y, sobre todo, la Ascensión, que el cómputo
litúrgico fija cuarenta días después de la Pascua.

La cuestión que, por consiguiente, se plantea, es esta: ¿Por qué
el acontecimiento pascual no se ha guardado como la fecha de la
fundación de la Iglesia? Es muy comprensible que a los apóstoles
les haya hecho falta un cierto tiempo para comprender todas las
cosas que habían pasado.

Pero esta no es una razón suficiente para retardar la fecha de la fundación de la Iglesia cincuenta días. Por otra parte, nunca se ha dado esta explicación, sino que ha parecido más sencillo el decir que, de facto, el Espíritu Santo no había descendido sobre los apóstoles hasta ese día.

La verdadera razón es que los apóstoles estaban llamados a ser
los fundamentos de la Iglesia y que, para llegar a serlo, ellos tienen
que recorrer un camino espiritual, acomodando progresivamente su
fe ordinaria a la realidad de la resurrección.

pentecostesEl momento esencial de este camino es la Ascensión de Cristo.
Los apóstoles comprenden entonces que el Reino no es de este
mundo, pero que, sin embargo, se construye en este mundo, a
partir de la semilla plantada por Cristo y gracias a una tarea llamada
la misión universal. Entonces ya está todo preparado para que
aparezca en todo su esplendor el testimonio autorizado de los
discípulos acerca de la resurrección.

Este testimonio funda la Iglesia en la realidad de este mundo, porque, por vez primera, unos hombres elegidos por Cristo para eso actualizan la resurrección de Cristo, por medio de su contribución común a la realización de los designios de Dios. Por tanto, no cabe duda de que verdaderamente se ha difundido el Espíritu de Cristo.

El Pentecostés judío que evocaba la alianza del Sinaí era muy
apto para servir de punto de apoyo a la primera manifestación de la
Iglesia. En el Espíritu del Padre y del Hijo se ha sellado una nueva
alianza.descenso del espiritu santo sobre maria y los apostoles

PENTECOSTÉS Y LA MISIÓN UNIVERSAL.

Después de la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad
reunida, los apóstoles empiezan a dar testimonio públicamente de
Cristo resucitado. Ellos han participado de su vida; han tenido esa
experiencia muchas veces, desde la Pascua de Cristo. El testimonio
de los apóstoles tiene, de derecho, un alcance universal, porque la
vida que le anima es la misma vida de Aquel que ha amado a todos
los hombres hasta el fin.

Para comprender la misión de la Iglesia, hay que volver siempre al
testimonio apostólico en sus orígenes. Los elementos esenciales
que integran la misión universal se encuentran allí.
La Iglesia cuando evangeliza propone el misterio de la
resurrección. La Iglesia vive efectivamente del misterio del que está
dando testimonio. El contenido de esta vida es un amor sin
fronteras.

baja del espiritu santo en pentecostes fondoY, sin embargo, ¡qué camino se ha recorrido si se compara el
testimonio apostólico del primer día y la misión paulina! Persuadidos
de que el retorno de Cristo es inminente y de que la Jerusalén
terrena será el escenario de esta intervención decisiva, los
apóstoles dan testimonio de Cristo resucitado, pero no abandonan
Jerusalén. Serán los acontecimiento los que les hagan ver claro
acerca de las consecuencias misioneras de su testimonio.

El martirio de Esteban prepara la evangelización de Samaria, y los
judíos que habían venido a Jerusalén se llevan la Buena Nueva a
sus tierras. Entonces se hace un llamamiento a los apóstoles.
Entran en la Iglesia los primeros paganos. Poco a poco, los
apóstoles llegan a la convicción de que el testimonio apostólico
halla su desarrollo normal en la misión. Un día la Iglesia de
Antioquía enviará a sus responsables de misión: Bernabé y Pablo
harán juntos el primer viaje apostólico.

Durante toda su historia, la Iglesia no ha dejado de reflexionar en
las implicaciones de su misión universal. San Pablo pudo pensar
que la misión entre los paganos era una obra que estaba a su
alcance. Hoy, sin embargo, comprobamos que esta obra apenas ha
comenzado; la empresa es gigantesca.

Pentecostés manifestación plena de DiosDar testimonio de Cristo resucitado es arraigar el misterio de Cristo y de su sacrificio perfecto en el corazón del dinamismo espiritual que anima a los pueblos y a las culturas. Toda la realidad humana -y con ella toda la creación- debe pasar de la muerte a la vida.

El primer Pentecostés contiene ya en germen todo el crecimiento
ulterior de la misión y las tomas de conciencia que se han
conseguido en el curso de los años. En germen, pero sólo en
germen. Lo contrario sería anormal, puesto que el tiempo del
Espíritu es el de la edificación del Reino y el de la responsabilidad
de cada uno en respuesta a la iniciativa siempre obsequiosa del
Padre.

EL PRIMER PENTECOSTÉS Y LA CELEBRACIÓN
EUCARÍSTICA.

El relato que nos hacen los Hechos de lo Apóstoles acerca del
primer Pentecostés evoca como de una manera anticipada los
frutos extraordinarios de la presencia del Espíritu en la comunidad
apostólica. Desde que el Espíritu obra en el testimonio de la
resurrección dado por los apóstoles, caen los muros de separación
existentes entre los hombres, y el obstáculo de las lenguas puede
ser superado.

Pentecostés manifestación plena de DiosEn medio del esplendor de su diversidad y de su unidad nuevamente hallada, la Iglesia completamente acabada parece encontrarse allí, como a escala reducida, el día del primer Pentecostés cristiano. Animados por el Espíritu, los hijos adoptivos del Padre se reúnen en torno al Hermano Mayor.

Este relato expresa con mucha exactitud lo que ocurre en una
celebración eucarística. La antífona de comunión de la misa de
Pentecostés está muy bien elegida para ese momento. “Todos,
llenos del Espíritu Santo, cantaban las maravillas de Dios”. En la
Eucaristía, la tensión entre el presente y el futuro alcanza su
máxima intensidad. El Espíritu obra en ella como en su terreno
privilegiado. Reunidos en torno a Cristo resucitado, los hijos
adoptivos dan gracias por El, con El, en El.

Pentecostés manifestación plena de DiosLos ausentes también están, en cierta manera, presentes, porque la convocatoria universal a la salvación alcanza a todos los hombres. La
recapitulación cósmica es efectiva… “Por eso el mundo entero,
desbordante de alegría, se estremece de felicidad a través de toda
la tierra”.

 

Fuente: Mercaba

Los siete dones del Espíritu Santo

Los Dones del Espíritu Santo

Una demostración evidente de esta venida son los siete Dones del Espíritu Santo, disposiciones permanentes o capacidades que Dios concede y que hacen a la persona dócil y dispuesta a seguir los impulsos del mismo Espíritu. Los Dones pertenecen en plenitud a Jesús, el Mesías, quien los comunica a sus discípulos por la fe, la oración y los sacramentos. Jesús dijo que “a vosotros os conocerán por vuestros frutos” y San Pablo (Gálatas 5, 22-23) señala que el Espíritu Santo, produce en nosotros los frutos de la Caridad, Alegría, Paz, Paciencia, Comprensión de los Demás, Bondad, Mansedumbre y Dominio de Sí Mismo.

Espíritu de Sabiduría


Este es el Don del buen gusto que consiste en un conocimiento sabroso de las cosas espirituales. Nos hace gustar las cosas de Dios. Sabiduría es ver sabiamente las cosas, no sólo con la inteligencia sino que, también, con el corazón tratando de ver las cosas como Dios las ve y comunicándolas con sabiduría de tal manera que los demás perciban que Dios actúa en nuestra persona: en lo que pensamos, decimos y hacemos.

Espíritu de Inteligencia


Con este Don podemos conocer y comprender las cosas de Dios, la manera cómo actúa Jesucristo, descubrir inteligentemente, sobre todo en las páginas del Evangelio, que su manera de ser y actuar es diferente al modo de ser de la sociedad actual. El Don de la Inteligencia es una luz especial que puede llegar a todas las personas y muchas veces tiene sus frutos en los niños y en la gente más sencilla.

Espíritu de Consejo


Se trata de tener la capacidad de escuchar al Señor que nos habla y tratar de discernir y juzgar las cosas a la luz de la voluntad de Dios. El Don de Consejo nos ayuda a enfrentar mejor los momentos duros y difíciles de nuestra vida, al mismo tiempo nos da la capacidad de aconsejar, inspirados por el Espíritu Santo, a quienes nos piden ayuda, a quienes necesitan palabras de aliento y vida.

Espíritu de Fortaleza


Este Don nos da la firmeza interior necesaria para superar los momentos duros y difíciles de nuestra vida. Muchas veces somos débiles y podemos caer fácilmente en las tentaciones propias de esta sociedad como lo es el dinero, el poder, el consumismo, los vicios.Es justamente allí donde necesitamos el Don de la Fortaleza para pedir al Señor que nos ilumine. El ejemplo de Jesucristo, su pasión y muerte, debe ser para nosotros un auténtico testimonio de fortaleza que nos ha de llevar a superar nuestra debilidad humana.

Espíritu de Ciencia


Este Don nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en el mundo, en la vida, en la naturaleza, en el día, en la noche, en el mar, en la montaña. El Espíritu de Ciencia nos descubre nuestro fin sobrenatural y los medios adecuados para alcanzarlo, nos permite discernir entre el bien y el mal y nos hace mirar a las personas y las cosas con los ojos de Dios.

Espíritu de Piedad


El Don de Piedad nos permite acercarnos confiadamente a Dios, hablarle con sencillez, abrir nuestro corazón de hijo a un Padre Bueno del cual sabemos que nos quiere y nos perdona: “Padre Nuestro…”
Este Don nos ha de motivar a la oración y al encuentro profundo con el Señor, a juntarse en la capilla, abrir el Nuevo Testamento y disfrutar de la presencia del Señor en nuestra vida.

Espíritu de Temor de Dios


Aquí no se trata de tenerle miedo a Dios, sino más bien sentirse amado por Él. Este Don nos hace evitar el pecado porque ofende a Dios, por eso cuando se descubre el amor de Dios lo único que deseamos es hacer su voluntad y sentimos temor de ir por otros caminos. En este sentido existe temor de fallar y causarle pena al Señor. Con este Don tenemos la fuerza para vencer los miedos y aferrarnos al gran amor que Dios nos tiene.

Fuente: Mercaba

 

¿Para qué existe la Iglesia? El Papa Francisco contesta

El Papa Francisco recordó en sus palabras antes de rezar el Regina Coeli la celebración de la fiesta de la Ascensión que tiene lugar hoy en todo el mundo: “La escena se desarrolla en Galilea, lugar donde Jesús les había llamado a seguirlo para formar el primer núcleo de su nueva comunidad”.

“La Ascensión de Jesús al cielo constituye el fin de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y el inicio de la continuación de esta misión de parte de Iglesia”, explicó el Papa mostrando cuál es la misión de la Iglesia.

“La Ascensión de Jesús nos recuerda de esta ayuda de Jesús y de su Espíritu que da confianza y seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo” y “nos revela porqué existe la Iglesia”. “¿Para qué existe la Iglesia?” preguntó el Papa Francisco: “¡Existe para anunciar el Evangelio!” Resultado de imagen de quien es la iglesia

¿Quién es la Iglesia?

Papa Francisco quiso mostrar que la Iglesia “somos todos nosotros, los bautizados” e invitó a “comprender mejor que Dios nos ha dado una gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de hacerlo accesible a la humanidad. Esta es nuestra dignidad, este es el mayor honor en la Iglesia”

Tras la oración Papa Francisco quiso volver a enviar un mensaje de solidaridad a “Tawadros II y a toda la nación de Egipto, que ha sufrido otro nuevo acto de feroz violencia”. En su intervención recordó como las víctimas (muchos de ellos niños) iban a un Santuario a rezar y murieron por no renegar de su fe. Debido a eso, a todos ellos los consideró “mártires” y pidió por que el Señor los acoja con este “valiente testimonio”.

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Papa Francisco también pidió rezar por el “horrible atentado en Manchester”, “donde tantos jóvenes fallecieron”

Finalmente mandó un saludo por la celebración de las Comunicaciones Sociales: “Rezamos porque la comunicación sea efectivamente constructiva al servicio de la vida, difundiendo esperanza y fe” y a los genoveses que le acogieron en su visita pastoral celebrada ayer.

(AP foto/Andrew Medichini)

Fuente: Aleteia

Razones para no ir a Misa y participar de la Eucaristía

Hace unos días nos pasaron este curioso artículo de la página web de una parroquia de Madrid. Esperemos que os guste y que sobre todo, nos haga pensar en la gran importancia que tiene la Eucaristía en nuestras vidas.

En un artículo anterior una amable lectora comentó que las razones que yo daba para asistir a la Misa eran válidas para los practicantes, pero echaba en falta algunos argumentos para aquellos que no lo son.

Me parece un reto difícil. Esto es algo así como explicar el juego de los colores en un cuadro de Matisse a un ciego, o la armonía del segundo movimiento de la Quinta sinfonía de Beethoven a un sordo. Para poder comunicar el gozo que se experimenta en algo hay que tener una mínima base en común; de lo contrario, las posibilidades de establecer una comunicación pueden ser prácticamente nulas. Quizá podamos probar la aproximación contraria: analizar las razones por las que alguien puede no querer ir a Misa.

¿Lo tienes todo, no te falta de nada, no necesitas nada, te crees autosuficiente?

No vayas a Misa. La Misa es para los menesterosos, los que se sienten necesitados y pobres en el corazón.

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¿No le debes nada a nadie, te has hecho a ti mismo, todo lo que tienes es solamente tuyo?

No vayas a Misa. La Misa es para los que se sienten deudores agradecidos de un Dios que es Amor, que nos ha creado gratuitamente y que nos mantiene en la existencia a cada instante con su Amor infinito.Resultado de imagen de eucaristía

¿Te sientes fuerte, poderoso, importante?

No vayas a Misa. La Misa es para los débiles, los humildes, los sencillos.Resultado de imagen de eucaristía

¿No crees en los curas, en la jerarquía, en el Papa?

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No vayas a Misa. La Misa es para los que confían en quienes han recibido una llamada de Dios a entregar su vida en el servicio a los demás, los que han acogido esa vocación a ser “otros Cristos”.

¿No tienes faltas, no sientes la necesidad de ser perdonado?

No vayas a Misa. La Misa es para los que se saben pecadores, que acuden a la fuente de la Misericordia infinita para volver a empezar.Resultado de imagen de eucaristía

¿Te da lo mismo fracasar en lo más importante de tu vida?

No vayas a Misa. La Misa es para los que tienen santo temor de Dios y buscan salvarse.Resultado de imagen de eucaristia montaña

¿Te encuentras a gusto contigo mismo, “encantado de haberte conocido”?

No vayas a Misa. La Misa es para los que conocen sus propias miserias y quieren, con ayuda de Dios, ser cada día un poquito mejores; aunque caigan varias veces en el camino, vuelven a levantarse.Resultado de imagen de misa montaña

¿No tienes inquietudes espirituales?

No vayas a Misa. La Misa es para los que buscan a Dios, pues Él está realmente presente allí.

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¿No necesitas de los demás?

No vayas a Misa. La Misa es para los que ven a los demás como hermanos y quieren compartir con ellos lo más importante de su vida.

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¿Tu alma no está sedienta?

No vayas a Misa. La Misa es para los que tienen sed de la Verdad, del Dios vivo, de la vida eterna.

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¿Crees que lo único que existe es el mundo material?

No vayas a Misa. La Misa es para los que tienen fe en la resurrección y la vida eterna.

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¿No tienes esperanza de una felicidad saciada?

No vayas a Misa. La Misa es para los que creen que van a ir al cielo para gozar eternamente del amor infinito de Dios.

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¿No necesitas del AMOR con mayúsculas en tu vida?

No vayas a Misa. La Misa es para los que se sienten amados por Dios y llevan su amor a sus semejantes.

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Fuente: Parroquia San Jorge

El milagro de los tres peces

Esta es la historia de un párroco que perdió el cáliz con el Cuerpo de Cristo y como unos peces le ayudaron a recuperar el Alimento que da la vida eterna.

En una noche de julio de 1348, una tormenta amenazaba el pueblito de Alboraya. En una sencilla casa, un hombre moribundo esperaba el sacramento de la Eucaristía; el párroco del lugar sabía cuán necesario era para el enfermo recibir el socorro del Cuerpo de Cristo y hacia allí se dirigió apresuradamente…

Cuando el párroco administró el sagrado sacramento y se disponía a regresar a la parroquia, empezó a llover… Apretando fuertemente contra su pecho el cáliz con tres hostias consagradas, corrió de regreso a la parroquia. El camino estaba completamente embarrado y tenía que atravesar un pequeño río que solo tenía como puente un exiguo tablón de madera. La crecida del río llegaba hasta el tablón; no obstante el párroco decidió cruzarlo… pero a mitad de camino resbaló y cayó, perdiendo el cáliz con las hostias consagradas que la corriente se llevó río abajo.

Desesperado, el párroco se arrojó en pos del cáliz tratando de rescatar las tres hostias… pero fueron vanos sus esfuerzos y el cáliz desapareció en el agua.

Muchas personas del pueblo ayudaron al párroco esa noche para encontrar el cáliz. Ya al alba, lograron hallar el cáliz, pero… ¡estaba vacío!

¡Cuánta pena ante la pérdida de las hostias consagradas!

Las buenas gentes del pueblito organizaron actos de reparación y honra a la sagrada Eucaristía. El Señor vio su fe y se apiadó de ellos respondiendo con un gran milagro…

A la luz de la aurora, en la desembocadura del río en el mar, todas las gentes del pueblo observaron extasiados tres pececillos erguidos contra la corriente… Cada uno sostenía una hostia consagrada en su boca entreabierta. Todos cayeron de rodillas y con el corazón inundado de felicidad y amor por la Eucaristía, dando gracias y alabando al Señor mientras los peces se mantenían inmóviles en medio de la corriente.

Mientras la muchedumbre cantaba al Señor, los peces se acercaron a la orilla depositando las tres hostias en las manos del sacerdote. Entonces, todas las personas se dirigieron en procesión hasta la parroquia…

«¿Quién negará de este pan el Misterio, cuando un mudo pez nos predica la fe?»

Confesarse con un cura vs confesarme yo sólo con Dios

Cuando se trata de acercarse al sacramento de la confesión es muy común escuchar algunos de los siguientes “motivos” para justificar su inutilidad o su inconveniencia. Estos son los 14 más habituales:

1 ¿Quién es el cura para perdonar los pecados?

Sólo Dios puede perdonarlos Sabemos que el Señor les dio ese poder a los Apóstoles; además, ese argumento lo he leído antes… precisamente en el Evangelio: lo decían los fariseos, indignados, cuando Jesús perdonaba los pecados… (consúltese Mt 9, 1-8).

2 Yo me confieso directamente con Dios, sin intermediarios

Genial … pero hay algunos “peros”que se tienen que considerar… ¿Cómo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ¿Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma?

¿Cómo sabes que estás en condiciones de ser perdonado? Te darás cuenta de que la cosa no es tan sencilla… Una persona que roba un banco y se niega a devolver el dinero, por más que se confiese directamente con Dios o con un sacerdote, si no tiene intención de reparar el daño hecho -en este caso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada… porque ella misma no quiere “deshacerse” del pecado.

Por otro lado, este argumento no es nuevo: hace casi 1600 años, San Agustín replicaba a quien argumentaba del mismo modo: «Nadie piense: yo obro privadamente, de cara a Dios… ¿Es que sin motivo el Señor dijo: “Lo que atareis en la tierra, será atado en el Cielo”? ¿Acaso les fueron dadas a la Iglesia las llaves del Reino de los Cielos sin necesidad? Al proceder así, frustramos el Evangelio de Dios, hacemos inútil la palabra de Cristo».

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3 ¿Por qué le voy a decir mis pecados a un hombre como yo?

Porque ese hombre no es un hombre cualquiera: tiene el poder especial para perdonar los pecados (el Sacramento del Orden). Esa es la razón por la que tienes que acudir a él.

4 ¿Por qué le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?

El problema no radica en la “cantidad” de pecados: si es menos, igual o más pecador que tú…. No vas a confesarte porque sea santo e inmaculado, sino porque te puede dar la absolución, un poder que tiene por el Sacramento del Orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidad, una disposición de la sabiduría divina- que el poder de perdonar los pecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que sería terrible, ya que uno nunca sabría quién sería suficientemente santo como para perdonar. Además, el hecho de que sea un hombre y que como tal tenga pecados, facilita la confesión: precisamente porque sabe en carne propia lo que es ser débil, te puede entender mejor.

5 Me da vergüenza

Es lógico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobado universalmente: cuanto más te cueste decir algo, tanto mayor será la paz interior que consigas después de decirlo. Y cuesta, precisamente, porque te confiesas poco; en cuanto lo hagas con frecuencia, verás como superarás esa vergüenza.

Asímismo, no creas que eres tan original…. Lo que vas a decir, el sacerdote ya lo ha escuchado miles de veces. A estas alturas de la historia, es difícil creer que puedas inventar pecados nuevos.

Por último, no te olvides de lo que nos enseñó un gran santo: el Diablo quita la vergüenza para pecar, y la devuelve aumentada para pedir perdón. No caigas en su trampa.

6 Siempre me confieso de lo mismo

Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido, y es bastante lógico que nuestros defectos sean siempre más o menos los mismos. Sería terrible ir cambiando constantemente de defectos; además, cuando te bañas o lavas la ropa, no esperas que aparezcan manchas nuevas, que nunca antes habías tenido; la suciedad es más o menos siempre del mismo tipo. Para desear estar limpio basta con querer remover la mugre… independientemente de cuán original u ordinaria sea.

7 Siempre confieso los mismos pecados

No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son diferentes, aunque sean de la misma especie. Si yo insulto a mi madre diez veces, no se trata del mismo insulto, cada vez es uno distinto; así como no es lo mismo matar a una persona que a diez: si asesiné a diez no es el mismo pecado, sino diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sido perdonados, ahora necesito el perdón de los «nuevos», es decir, de los cometidos desde la última confesión.

8 Confesarme no sirve de nada, sigo cometiendo los pecados que confieso

El desánimo puede hacer que pienses: «es lo mismo si me confieso o no, total, nada cambia, todo sigue igual». No es verdad. El hecho de que uno se ensucie, no hace concluir que es inútil bañarse. Alguien que se baña todos los días, se ensucia igual todos los días. Pero gracias a que se baña, no va acumulando mugre, y puede lucir limpio. Lo mismo pasa con la confesión. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sacándose de encima los pecados hace que sea mejor. Es mejor pedir perdón, que no pedirlo. Pedirlo nos hace mejores.

9 Sé que voy a volver a pecar, lo que muestra que no estoy arrepentido

Depende… Lo único que Dios me pide es que esté arrepentido del pecado cometido y que ahora, en este momento, esté dispuesto a luchar por no volver a cometerlo. Nadie pide que empeñemos el futuro que ignoramos. ¿Qué va a pasar en quince días? No lo sé. Se me pide que tenga la decisión sincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro hay que dejarlo en las manos de Dios.

10 ¿Y si el confesor piensa mal de mí?

El sacerdote está para perdonar. Si pensara mal, sería un problema suyo del que tendría que confesarse. De hecho, siempre tiende a pensar bien: valora tu fe (sabe que si estás ahí contando tus pecados, no es por él, sino porque crees que él representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas de mejorar, etcétera.

Supongo que te darás cuenta de que sentarse a escuchar pecados, gratuitamente -sin ganar un peso-, durante horas, si no se hace por amor a las almas, no se hace. De ahí que, si te dedica tiempo, te escucha con atención, es porque quiere ayudarte y le importas. Aunque no te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir al Cielo.

11 ¿Y si el sacerdote después le cuenta a alguien mis pecados?

No te preocupes por eso. La Iglesia cuida tanto este asunto que aplica la pena más grande que existe en el Derecho Canónico -la excomunión- al sacerdote que se atreviera a decir algo que conoce por la confesión. De hecho hay mártires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por no revelar el contenido de la confesión.

12 Me da pereza

Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obstáculo verdadero, puesto que es bastante fácil de superar. Es como si uno dijese que hace un año que no se baña porque le da pereza…

13 No tengo tiempo

No creo que te creas que en los últimos meses no hayas tenido disponibles diez minutos para confesarte. ¿Te animarías a comparar cuántas horas de televisión has visto en ese tiempo? Multiplica el número de horas diarias que ves por el número de días.

14 No encuentro un cura

Los sacerdotes no son una raza en extinción, hay miles de ellos. En el último de los casos, en las páginas amarillas, busca el teléfono de tu parroquia; si ignoras el nombre, busca por la diócesis, así será más sencillo. De este modo podrás saber, en tres minutos como máximo, el nombre de un padre con el que te puedes confesar, e incluso concertar una cita para que no tengas que esperar…. hay incluso una app para buscar al cura más cercano.

Fuente: web católico de Javier Volpacchio