El Papa celebra la fiesta de la Santísima Trinidad.

En la fiesta de la Santísima Trinidad, el Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus y manifestó que Dios es misericordioso y rico en piedad que no se cansa de redimirnos.

Resultado de imagen de trinidadEl Papa comentó cómo las palabras de San Pablo “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” es fruto “de su experiencia personal del amor de Dios, el amor que Cristo resucitado le ha revelado, que ha transformado su vida y lo ha llevado a llevar el Evangelio a las gentes”.

“La comunidad cristiana, con todos sus límites humanos, puede convertirse en un reflejo de la comunión de la Trinidad, de su bondad y de su belleza”.

Resultado de imagen de trinidadFrancisco recordó que Dios “no está lejano ni cerrado en sí mismo, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, es amor que rescata al hombre de la infidelidad”. Es “misericordioso, tiene piedad, es rico en gracia porque se ofrece a nosotros para colmar nuestros límites y nuestras faltas para perdonar nuestros errores, para llevarnos por el camino de la justicia y de la verdad”.

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La vida eterna es trinitaria

“Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, Uno en la sustancia y Trino en las personas; Dios es todo y solo amor, en una relación subsistente que todo crea, redime y santifica: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

El Pontífice también explicó que la “vida eterna” es “el amor desmesurado y gratuito del Padre que Jesús ha donado en la cruz, ofreciendo su vida por nuestra salvación”.

“Este amor con la acción del Espíritu Santo ha irradiado una luz nueva sobre la tierra en cada corazón humano que lo acoge; una luz que revela los ángulos oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia”.

“Que la Virgen María nos ayude –concluyó– con todo nosotros mismos, a entrar cada vez más, con todo nuestro ser, en la Comunión trinitaria, para vivir y testimoniar el amor que da sentido a nuestra existencia”.

Fuente: ACIprensa

Papa Francisco a los niños: “Vuestros pequeños gestos pueden cambiar el mundo”

El Papa Francisco conversó con un grupo de niños, padres y profesores pertenecientes a la experiencia educativa cristiana “Caballeros del Grial” y les animó a contribuir a cambiar el mundo con pequeños gestos.

Durante la audiencia en el Aula Pablo VI, el Pontífice contestó a diversas preguntas que le plantearon los niños sobre la amistad, sobre lo que pueden aportar al mundo y sobre el sentido del sufrimiento.

La amistad

https://i0.wp.com/serpadres.com/imgs/images/image-4214.jpg?resize=588%2C391Una de las primeras preguntas que le hicieron al Papa versó sobre el miedo a los cambios y sus consecuencias, en concreto, el miedo de una niña a perder a sus amigos en el cambio del colegio al instituto.

Francisco explicó que “la vida es un continuo ‘buenos días’ y ‘adiós’. Muchas veces es un ‘adiós’ breve, pero otras es un ‘adiós’ para años o para siempre. Se crece conociendo y despidiendo. Si tú no aprendes a despedirte bien, jamás aprenderás a conocer nueva gente”.

El Santo Padre dio mucha importancia a esta cuestión, ya que se trata de “un desafío de la vida”. Le explicó que en el cambio del colegio al instituto “tus compañeros no serán los mismos. Quizás os veáis de nuevo, y habléis, pero debes encontrar nuevos compañeros. Es un desafío”.

“En la vida debemos acostumbrarnos a ese camino: dejar algunas cosas, y encontrar cosas nuevas. Esto tiene también un riesgo”. En este sentido, animó a no tener miedo, a no cerrarse y crecer.

Resultado de imagen de papa francisco niños“Cuando un chico, una chica, un hombre, una mujer, dice basta y se acomoda en el sofá, no crece, cierra el horizonte de la vida”. Y puso un ejemplo. El Pontífice animó a los niños a mirar hacia uno de los muros del Aula Pablo VI. “Mira a ese muro. ¿Qué hay detrás? ¿No lo sabes? Así es el modo en que una persona no puede crecer. Tiene un muro delante. No se sabe qué hay al otro lado”.

“Pero si tú vas fuera, al campo, por ejemplo, ¿qué ves donde no hay muros? ¡Todo! Ves el horizonte. Debemos aprender a mirar la vida mirando horizontes. Siempre más, siempre más. Siempre adelante. Esto es el conocer nuevas gentes, conocer nuevas situaciones…”.

Ello no implica olvidarse de los viejos amigo, “no. Siempre hay un bello recuerdo. Con frecuencia nos reencontramos con los antiguos compañeros, te saludan. Pero debemos continuar siempre adelante para crecer”.

Cambiar el mundo

Una segunda pregunta que los niños hicieron al Papa trató sobre qué se puede hacer para cambiar el mundo. Él contesto que “si ya es difícil para la gente grande, para la gente que ha estudiado, para la gente que tiene la capacidad de gobernar los países, cuanto más difícil será para un niño o una niña, ¿no?”

Y reconoció: “sí, es difícil. Pero querría preguntaros: ¿Es posible? ¿Vosotros, podéis cambiar el mundo? Sí, pero ¿cómo?: con las cosas que están en torno a vosotros”.

Puso un ejemplo: “Siempre, cuando voy con los niños, les pregunto: ‘Si tienes dos caramelos y se te acerca un amigo, ¿qué haces?’. Normalmente todos responden: ‘Le doy uno a él y el otro me lo quedo’. Algunos no lo dicen, pero piensan: ‘Me guardo los dos en el bolsillo y me los como luego cuando se marche’”.

“La primera es una actitud positiva –explicó–, la otra es una actitud egoísta, negativa”. Ilustró estas dos actitudes con el símbolo de la mano: “la mano abierta simboliza la actitud positiva, la cerrada simboliza la negativa”.

Resultado de imagen de papa francisco niños“Para cambiar el mundo hace falta tener la mano abierta. La mano es un símbolo del corazón. Es decir, hace falta tener el corazón abierto”.

Francisco no dejó pasar la oportunidad para animar a los niños a empezar a cambiar el mundo con pequeños gestos que nazcan de ese corazón abierto. “El mundo se cambia abriendo el corazón. Escuchando a los otros, recibiendo a los otros, compartiendo las cosas, y vosotros podéis hacer lo mismo”.

Puso otro ejemplo: “Si tú tienes un compañero, un amigo, una amiga que no te gusta, que es un poco antipático, ¿vas a los demás a hablar mal de esa persona? Eso es estar cerrado, tener el corazón cerrado, la mano cerrada. En cambio, si lo dejas pasar, no me gusta, pero no digo nada. Eso en cambio es tener el corazón abierto, la mano abierta”.

“Es un gesto pequeño, pero podemos cambiar el mundo con las pequeñas cosas de cada día, con la generosidad, con el compartir, creando vínculos de fraternidad. Si alguno me insulta, y yo le insulto, eso es tener el corazón cerrado. En cambio, si alguno me insulta y yo no respondo, eso es tener el corazón abierto”. Y pidió: “¡Nunca respondáis al mal con el mal!”.

El sentido del sufrimiento

Resultado de imagen de work burnoutLa última pregunta que le hicieron los niños al Pontífice trató sobre el sentido del dolor y del sufrimiento: “¿Cómo podemos entender que el Señor nos ame cuando nos quita a las personas o cosas que no quisieras perder jamás?”.

Tras meditar la respuesta durante unos segundos, el Santo Padre completó la pregunta concretándola un poco más: “Pensemos un poco, todos juntos, con la imaginación, en un hospital de niños. ¿Cómo se puede pensar que Dios ame a esos niños y les deje enfermar, les deje morir, muchas veces?”.

Resultado de imagen de papa francisco niños“Pensad en esta pregunta: ¿por qué sufren los niños? ¿Por qué hay niños en el mundo que sufren hambre, mientras que en otros lugares del mundo derrochan? ¿Por qué?”. “Hay preguntas que no se pueden responder con las palabras. No tengo palabras para explicarlo”, reconoció.

“Con frecuencia encontrarás cualquier explicación, pero no del por qué, sino del para qué. Cuando yo me hago, en la oración, esa pregunta, por qué sufren los niños, el Señor no me responde. Y entonces miro el crucifijo. Si Dios permitió que su Hijo sufriera así por nosotros, cualquier cosa debe haber allí que tenga un sentido. Pero yo no puedo explicar el sentido. Hay en la vida preguntas y situaciones que no se pueden explicar”, concluyó.

Pentecostés y la fundación de la Iglesia

Este domingo 4 de junio la Iglesia celebra la Fiesta de Pentecostés, día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles, de que el Padre enviaría al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizador

Fiesta de Pentecostés

Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).

Pentecostés / Waiting for the World (CC-BY-2.0)

PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu…


La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.

Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.

En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.

Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

PENTECOSTÉS Y LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA

Para muchos, el primer Pentecostés cristiano evoca la fundación
de la Iglesia bajo la acción del Espíritu. Antes de dejar a sus
apóstoles, Jesús les había prometido que les enviaría el Espíritu.
Los apóstoles se reunieron en Jerusalén, para esperar su venida. El
Espíritu vino cuando estaban todos reunidos, el día del Pentecostés
judío. Además vino de una manera bastante espectacular.

Los apóstoles empezaron inmediatamente a predicar la Buena Nueva de
la salvación, y todos entendían en sus respectivas lenguas, cuando
se les predicaban las maravillas del Señor… La Iglesia había nacido
definitivamente. He aquí en unas palabras cómo muchos cristianos
se imaginan los hechos.

Pero muy pocos se preguntan por qué la Pascua está separada
de Pentecostés por un período de cincuenta días. ¿Por qué la
fundación de la Iglesia se refiere a Pentecostés, en vez de a la
Pascua?. El don del Espíritu Santo en Pentecostés, ¿significa una
especie de comienzo absoluto? ¿En qué sentido se puede decir que
la misión universal comienza verdaderamente el día de
Pentecostés? Los apóstoles, de hecho, van a dar testimonio de la
Resurrección de Cristo, pero este testimonio no les induce a
abandonar Jerusalén para ir a todas las naciones.

En resumen, tenemos que hacernos dos preguntas: por una
parte, ¿cuál es el significado profundo del espacio de tiempo que
separa la resurrección de Cristo y la fundación de la Iglesia en el
día de Pentecostés? Y, por otra, ¿es realmente la fiesta de
Pentecostés la fiesta por excelencia de la misión universal? Estas
preguntas no son secundarias. Respondiendo a ellas ayudaremos a
los cristianos a captar mejor la originalidad de su fe en Cristo
resucitado y el alcance exacto de sus responsabilidades
misioneras.

-LA FIESTA DE PENTECOSTÉS EN ISRAEL, ANIVERSARIO DE  LA ALIANZA.

En sus orígenes, la fiesta de Pentecostés fue una fiesta de
recolección, como la Pascua era la fiesta del comienzo de la siega.
Pentecostés, fiesta de recolección y, por tanto, fiesta de
abundancia, es fiesta de alegría y de acción de gracias. Pero, al
mismo tiempo que la liturgia tiende a hacerse cada vez más histórica
y cada vez menos cósmica, las grandes fiestas del pueblo judío se
van a transformar.

Cuando la Pascua deja de ser una fiesta agrícola, para
convertirse en seguida en la celebración de la liberación de Egipto,
se trata de extender esta celebración a todos los acontecimientos
que han acompañado al Éxodo. Entre ellos, el mayor acontecimiento
es evidentemente la conclusión de la alianza del Sinaí, cincuenta
días después de haber salido de Egipto. Como la fiesta de la
recogida de la cosecha se celebraba siete semanas después de la
Pascua, era una fiesta muy indicada para conmemorar la alianza.
Desde el siglo II antes de Jesucristo, esta evolución había
terminado, y Pentecostés era la gran fiesta de la alianza.

ALIANZA/PLAN-D:

La alianza es una de las realidades más
fundamentales a la que dedican su reflexión los profetas. En un
momento decisivo de la historia religiosa de Israel, la alianza ha
definido las relaciones entre Yahvé y su pueblo. El plan de Yahvé
es el liberar al pueblo escogido, a través de los acontecimientos de
su historia; pero el contrato de la alianza lleva consigo una
exigencia esencial para Israel: que a la iniciativa salvadora de
Yahvé habrá que responder con la fe.

En realidad, y desde el período de prueba del desierto, el pueblo elegido rehúsa el entrar en los caminos -es verdad que muchas veces son desconcertantes- de su Dios. Responde con la incredulidad. ¿Son por esto un fracaso los designios salvadores de Yahvé? ¿No acabará el propio Yahvé
por cansarse? Estas preguntas no han cesado de hacer reflexionar
a los profetas. Todos ellos anuncian la cólera divina, pero también
el éxito futuro del plan de Dios.

Como la fidelidad de Yahvé es eterna, los profetas expresan su
seguridad de que un día el Dios vivo suscitará un colaborador
adecuado para la alianza. La esperanza mesiánica da testimonio de
esta certeza, que se confirma sin cesar.

Meditando sobre el futuro de la alianza, los profetas hablan
gustosamente de una nueva alianza. El Espíritu de Yahvé será
derramado abundantemente sobre toda carne. Los corazones serán
transformados y la nueva ley será grabada en ellos. Los preceptos
divinos no se deberán ya aprender de los demás. La misma
creación será renovada. Yahvé aparecerá entonces como el único
Salvador de su pueblo y El hará del pueblo su testigo ante las
naciones. La fidelidad del Mesías va a permitir esta definitiva
liberación.

JESÚS DE NAZARET Y LA ALIANZA EN EL ESPÍRITU.

La proclamación del Reino inaugura los últimos tiempos. Desde la
Anunciación, el Espíritu está obrando en la vida de Jesús. En su
Bautismo intervino el Espíritu de una manera solemne para conferir
a Jesús su investidura mesiánica. Durante toda su vida pública se
multiplicaron los signos de efusión del Espíritu.

Y cuando llegó el momento supremo de la muerte en la cruz, fue también el Espíritu el que emprendió la obra por excelencia: la Resurrección. En la
sangre derramada por el Mesías se ha sellado una nueva alianza, que es la que da comienzo al tiempo del Espíritu.

Todo se ha cumplido en el sacrificio de la cruz (Jn 19, 30). La
esperanza de los profetas se ha visto colmada. La nueva alianza se
ha consumado. He aquí que ha llegado ya el tiempo en que se ha
de dar culto en espíritu y en verdad. El Espíritu habita desde ahora
en los corazones y los transforma desde el interior. El acto redentor
y expiatorio de la cruz tiene una resonancia universal.

Toda la humanidad ha sido afectada por la acción del único
Mediador de la salvación. La solidaridad universal en el pecado deja
paso a una solidaridad universal en el amor.

Y, sin embargo, si es verdad que todo se ha cumplido, no es
menos cierto que todo está aún por cumplir. El Reino no desciende
prefabricado del cielo. La alianza en el Espíritu exige que el hombre
colabore como verdadero aliado de Dios en la realización de sus
designios salvadores. Esta alianza se fundamenta en el
Hombre-Dios, que es el que abre el acceso al Padre. El Hijo único
del Padre se rodea de hijos adoptivos.

Haciéndose obediente hasta la muerte en la cruz por amor a todos los hombres, el Hombre-Dios ha inaugurado en su persona el Reino definitivo, pero no ha suprimido la condición terrena del hombre. Por el contrario, la intervención de Jesús en la historia revela al hombre la verdad de su condición terrena. Cada uno está llamado a desempeñar un papel irreemplazable en la edificación del Reino.

El tiempo del Espíritu comienza definitivamente con la
Resurrección y la Ascensión de Cristo. Por su sacrificio en la cruz,
Cristo ha dicho al Padre, de una manera perfecta, el sí “filial” de
“criatura” que salva al hombre de una vez para siempre. Este SI le
constituye a la derecha del Padre en Primogénito de la verdadera
humanidad. El diálogo entre Dios y el hombre queda ya cimentado.
El Espíritu de Dios se revela por identidad como el Espíritu del
Verbo Encarnado.

La nueva alianza ha sido sellada en el amor. El tiempo del Espíritu ha dado paso a aquel día en que Jesús pudo decir a sus apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22).

PENTECOSTÉS Y EL BAUTISMO ECLESIAL EN EL ESPÍRITU.

Al ver la realidad del “costado” de Cristo, la Iglesia, que es su
Cuerpo, nace en el acto supremo del sacrificio de la cruz. Según el
testimonio de San Juan, el agua y la sangre que brotaron del
costado de Cristo cuando fue abierto por la lanza, evocan de un
modo suficiente este nacimiento. Además, desde la primera
aparición del Resucitado a sus apóstoles, lo esencial del misterio de
la Pascua ha sido ya evocado: “Como mi Padre me envió, así
también Yo os envío… Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 21-22).

Pero si consideramos esta misma realidad “desde el lado” de los
apóstoles, resulta que se pasan cincuenta días desde la
Resurrección hasta la venida del Espíritu Santo sobre la primera
comunidad cristiana. Del Viernes Santo a Pentecostés, tienen lugar
una serie de acontecimientos: la resurrección, las apariciones de
Cristo resucitado, y, sobre todo, la Ascensión, que el cómputo
litúrgico fija cuarenta días después de la Pascua.

La cuestión que, por consiguiente, se plantea, es esta: ¿Por qué
el acontecimiento pascual no se ha guardado como la fecha de la
fundación de la Iglesia? Es muy comprensible que a los apóstoles
les haya hecho falta un cierto tiempo para comprender todas las
cosas que habían pasado.

Pero esta no es una razón suficiente para retardar la fecha de la fundación de la Iglesia cincuenta días. Por otra parte, nunca se ha dado esta explicación, sino que ha parecido más sencillo el decir que, de facto, el Espíritu Santo no había descendido sobre los apóstoles hasta ese día.

La verdadera razón es que los apóstoles estaban llamados a ser
los fundamentos de la Iglesia y que, para llegar a serlo, ellos tienen
que recorrer un camino espiritual, acomodando progresivamente su
fe ordinaria a la realidad de la resurrección.

pentecostesEl momento esencial de este camino es la Ascensión de Cristo.
Los apóstoles comprenden entonces que el Reino no es de este
mundo, pero que, sin embargo, se construye en este mundo, a
partir de la semilla plantada por Cristo y gracias a una tarea llamada
la misión universal. Entonces ya está todo preparado para que
aparezca en todo su esplendor el testimonio autorizado de los
discípulos acerca de la resurrección.

Este testimonio funda la Iglesia en la realidad de este mundo, porque, por vez primera, unos hombres elegidos por Cristo para eso actualizan la resurrección de Cristo, por medio de su contribución común a la realización de los designios de Dios. Por tanto, no cabe duda de que verdaderamente se ha difundido el Espíritu de Cristo.

El Pentecostés judío que evocaba la alianza del Sinaí era muy
apto para servir de punto de apoyo a la primera manifestación de la
Iglesia. En el Espíritu del Padre y del Hijo se ha sellado una nueva
alianza.descenso del espiritu santo sobre maria y los apostoles

PENTECOSTÉS Y LA MISIÓN UNIVERSAL.

Después de la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad
reunida, los apóstoles empiezan a dar testimonio públicamente de
Cristo resucitado. Ellos han participado de su vida; han tenido esa
experiencia muchas veces, desde la Pascua de Cristo. El testimonio
de los apóstoles tiene, de derecho, un alcance universal, porque la
vida que le anima es la misma vida de Aquel que ha amado a todos
los hombres hasta el fin.

Para comprender la misión de la Iglesia, hay que volver siempre al
testimonio apostólico en sus orígenes. Los elementos esenciales
que integran la misión universal se encuentran allí.
La Iglesia cuando evangeliza propone el misterio de la
resurrección. La Iglesia vive efectivamente del misterio del que está
dando testimonio. El contenido de esta vida es un amor sin
fronteras.

baja del espiritu santo en pentecostes fondoY, sin embargo, ¡qué camino se ha recorrido si se compara el
testimonio apostólico del primer día y la misión paulina! Persuadidos
de que el retorno de Cristo es inminente y de que la Jerusalén
terrena será el escenario de esta intervención decisiva, los
apóstoles dan testimonio de Cristo resucitado, pero no abandonan
Jerusalén. Serán los acontecimiento los que les hagan ver claro
acerca de las consecuencias misioneras de su testimonio.

El martirio de Esteban prepara la evangelización de Samaria, y los
judíos que habían venido a Jerusalén se llevan la Buena Nueva a
sus tierras. Entonces se hace un llamamiento a los apóstoles.
Entran en la Iglesia los primeros paganos. Poco a poco, los
apóstoles llegan a la convicción de que el testimonio apostólico
halla su desarrollo normal en la misión. Un día la Iglesia de
Antioquía enviará a sus responsables de misión: Bernabé y Pablo
harán juntos el primer viaje apostólico.

Durante toda su historia, la Iglesia no ha dejado de reflexionar en
las implicaciones de su misión universal. San Pablo pudo pensar
que la misión entre los paganos era una obra que estaba a su
alcance. Hoy, sin embargo, comprobamos que esta obra apenas ha
comenzado; la empresa es gigantesca.

Pentecostés manifestación plena de DiosDar testimonio de Cristo resucitado es arraigar el misterio de Cristo y de su sacrificio perfecto en el corazón del dinamismo espiritual que anima a los pueblos y a las culturas. Toda la realidad humana -y con ella toda la creación- debe pasar de la muerte a la vida.

El primer Pentecostés contiene ya en germen todo el crecimiento
ulterior de la misión y las tomas de conciencia que se han
conseguido en el curso de los años. En germen, pero sólo en
germen. Lo contrario sería anormal, puesto que el tiempo del
Espíritu es el de la edificación del Reino y el de la responsabilidad
de cada uno en respuesta a la iniciativa siempre obsequiosa del
Padre.

EL PRIMER PENTECOSTÉS Y LA CELEBRACIÓN
EUCARÍSTICA.

El relato que nos hacen los Hechos de lo Apóstoles acerca del
primer Pentecostés evoca como de una manera anticipada los
frutos extraordinarios de la presencia del Espíritu en la comunidad
apostólica. Desde que el Espíritu obra en el testimonio de la
resurrección dado por los apóstoles, caen los muros de separación
existentes entre los hombres, y el obstáculo de las lenguas puede
ser superado.

Pentecostés manifestación plena de DiosEn medio del esplendor de su diversidad y de su unidad nuevamente hallada, la Iglesia completamente acabada parece encontrarse allí, como a escala reducida, el día del primer Pentecostés cristiano. Animados por el Espíritu, los hijos adoptivos del Padre se reúnen en torno al Hermano Mayor.

Este relato expresa con mucha exactitud lo que ocurre en una
celebración eucarística. La antífona de comunión de la misa de
Pentecostés está muy bien elegida para ese momento. “Todos,
llenos del Espíritu Santo, cantaban las maravillas de Dios”. En la
Eucaristía, la tensión entre el presente y el futuro alcanza su
máxima intensidad. El Espíritu obra en ella como en su terreno
privilegiado. Reunidos en torno a Cristo resucitado, los hijos
adoptivos dan gracias por El, con El, en El.

Pentecostés manifestación plena de DiosLos ausentes también están, en cierta manera, presentes, porque la convocatoria universal a la salvación alcanza a todos los hombres. La
recapitulación cósmica es efectiva… “Por eso el mundo entero,
desbordante de alegría, se estremece de felicidad a través de toda
la tierra”.

 

Fuente: Mercaba

Los siete dones del Espíritu Santo

Los Dones del Espíritu Santo

Una demostración evidente de esta venida son los siete Dones del Espíritu Santo, disposiciones permanentes o capacidades que Dios concede y que hacen a la persona dócil y dispuesta a seguir los impulsos del mismo Espíritu. Los Dones pertenecen en plenitud a Jesús, el Mesías, quien los comunica a sus discípulos por la fe, la oración y los sacramentos. Jesús dijo que “a vosotros os conocerán por vuestros frutos” y San Pablo (Gálatas 5, 22-23) señala que el Espíritu Santo, produce en nosotros los frutos de la Caridad, Alegría, Paz, Paciencia, Comprensión de los Demás, Bondad, Mansedumbre y Dominio de Sí Mismo.

Espíritu de Sabiduría


Este es el Don del buen gusto que consiste en un conocimiento sabroso de las cosas espirituales. Nos hace gustar las cosas de Dios. Sabiduría es ver sabiamente las cosas, no sólo con la inteligencia sino que, también, con el corazón tratando de ver las cosas como Dios las ve y comunicándolas con sabiduría de tal manera que los demás perciban que Dios actúa en nuestra persona: en lo que pensamos, decimos y hacemos.

Espíritu de Inteligencia


Con este Don podemos conocer y comprender las cosas de Dios, la manera cómo actúa Jesucristo, descubrir inteligentemente, sobre todo en las páginas del Evangelio, que su manera de ser y actuar es diferente al modo de ser de la sociedad actual. El Don de la Inteligencia es una luz especial que puede llegar a todas las personas y muchas veces tiene sus frutos en los niños y en la gente más sencilla.

Espíritu de Consejo


Se trata de tener la capacidad de escuchar al Señor que nos habla y tratar de discernir y juzgar las cosas a la luz de la voluntad de Dios. El Don de Consejo nos ayuda a enfrentar mejor los momentos duros y difíciles de nuestra vida, al mismo tiempo nos da la capacidad de aconsejar, inspirados por el Espíritu Santo, a quienes nos piden ayuda, a quienes necesitan palabras de aliento y vida.

Espíritu de Fortaleza


Este Don nos da la firmeza interior necesaria para superar los momentos duros y difíciles de nuestra vida. Muchas veces somos débiles y podemos caer fácilmente en las tentaciones propias de esta sociedad como lo es el dinero, el poder, el consumismo, los vicios.Es justamente allí donde necesitamos el Don de la Fortaleza para pedir al Señor que nos ilumine. El ejemplo de Jesucristo, su pasión y muerte, debe ser para nosotros un auténtico testimonio de fortaleza que nos ha de llevar a superar nuestra debilidad humana.

Espíritu de Ciencia


Este Don nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en el mundo, en la vida, en la naturaleza, en el día, en la noche, en el mar, en la montaña. El Espíritu de Ciencia nos descubre nuestro fin sobrenatural y los medios adecuados para alcanzarlo, nos permite discernir entre el bien y el mal y nos hace mirar a las personas y las cosas con los ojos de Dios.

Espíritu de Piedad


El Don de Piedad nos permite acercarnos confiadamente a Dios, hablarle con sencillez, abrir nuestro corazón de hijo a un Padre Bueno del cual sabemos que nos quiere y nos perdona: “Padre Nuestro…”
Este Don nos ha de motivar a la oración y al encuentro profundo con el Señor, a juntarse en la capilla, abrir el Nuevo Testamento y disfrutar de la presencia del Señor en nuestra vida.

Espíritu de Temor de Dios


Aquí no se trata de tenerle miedo a Dios, sino más bien sentirse amado por Él. Este Don nos hace evitar el pecado porque ofende a Dios, por eso cuando se descubre el amor de Dios lo único que deseamos es hacer su voluntad y sentimos temor de ir por otros caminos. En este sentido existe temor de fallar y causarle pena al Señor. Con este Don tenemos la fuerza para vencer los miedos y aferrarnos al gran amor que Dios nos tiene.

Fuente: Mercaba

 

Ascensión del Señor

La ascensión de Cristo a los cielos designa la exaltación de la humanidad de Jesucristo a la gloria de la vida divina. Es uno de los misterios de Cristo, estrechamente relacionado con el de la resurrección y el del envío del Espíritu Santo, pero posee una significación teológica propia.

Este término se deriva del latín ascendere, que significa subir, dirigirse hacia arriba. En el original griego se usan varias palabras que captan este acontecimiento desde perspectivas diversas. En las fuentes del Nuevo Testamento se encuentran las siguientes expresiones: fue «exaltado» junto a Dios (cf Flp 2,9; Hch 2,33. Jn 12,32.34); fue (,glorificado» (cf. Jn 39. 17 1); ‘(entró en su gloria» (Lc 24,26); «voy – (poreúomai) al Padre» (Jn 16,28); «subo (anabaíno) al Padre» (Jn 20,17); «fue llevado (anelémñhe) al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (Mc 16,19); «habita en el cielo» (Ef 2,20); ‘(penetró en los cielos y está sentado a la derecha del Padre» (Heb 12,2).

Hay que señalar la doble narración de Lucas: al final del evangelio se dice que el Resucitado ” se separó (diéste) de ellos y fue llevado (aneféreto) hacia el cielo (Lc 24,5051); al comienzo de los hechos se afirma que «fue tomado (anelemfyheís) de entre vosotros hacia el cielo (y) volverá algún día» (Hch 1,11). Mateo no habla expresamente de la ascensión; la supone y subraya la continua presencia del Señor resucitado en medio de los suyos hasta el final del mundo (cf. Mt 28,20).

Del conjunto de estos pasajes se deduce lo siguiente: se habla de un acontecimiento que no se identifica formalmente con la resurrección como victoria de Jesús sobre la muerte; la exaltación junto a Dios, a la derecha del Padre, se atribuye algunas veces directa y activamente a Jesús («subo», «voy», «entró»), mientras que otras veces, en la forma pasiva, se le atribuye a Dios por la fuerza de su Espíritu (“fue levantado», «fue llevado hacia el cielo», etc.).

La mayor parte de los exegetas ven en la ascensión una dimensión del paso de Jesús desde este mundo hasta la vida eterna de Dios a través de la resurrección y consideran el texto de Hch 1,3- 11, donde se habla de la ascensión después de cuarenta días de haber resucitado, como un pasaje en el que Lucas desea relacionar el tiempo de Cristo con el de la Iglesia y habla del último encuentro sensible del resucitado con los discípulos.

La predicación cristiana ha incluido siempre en su anuncio de Cristo la ascensión. Hay muchos textos del Magisterio que récuerdan este contenido de fe (cf. especialmente DS 11; 30; 72; 150; etc.). Desde el s. 1V la Iglesia celebra además una solemnidad litúrgica dedicada a la misma.

La teología de los Padres ha valora do este misterio de Cristo en perspectiva: a) cristológica: con la ascensión se alcanzó la cima de la encarnación (cf., sobre esto, especialmente Hilario de Poitiers, De rrin. XI); b) antropológica: el hombre ha sido glorificado en él y ha sido llevado a la dignidad más sublime (cf. especialmente León 1, Serm. de ascensione, 73ss); c) antignóstica: la carne, la corporeidad, se ha salvado y ha sido introducida plena y definitivamente en la vida eterna del Dios incorruptible e inmortal (sobre esto cf. especialmente Ireneo, Adv. Haer. 1, 10, 1).

En la roca conservada en el santuario de la Ascensión del Señor, la tradición reconoce la huella del pie derecho de Jesús, dejada en el momento en que ascendía al cielo. Es venerada por los cristianos. La casa construida por los cruzados fue convertida en una mezquita, aunque no se utiliza para el culto a causa de los muchos peregrinos cristianos.

Entre los teólogos escolásticos se distingue santo Tomás de Aquino por el hecho de atribuir con claridad un valor salvífico al acontecimiento de la ascensión de Jesús a los cielos; este acontecimiento es causa de salvación para el hombre, porque alimenta la fe y la esperanza en Cristo, fundamento y meta de la salvación plena, escatológica (cf. 5. rh. 111, 57, 1 y 6).

La teología contemporánea dedica una especial atención al contenido teológico de la ascensión. Algunos teólogos, sobre todo del área de la Reforma, tienden a ver en los textos neotestamentarios unas narraciones mitológicas que intentan “explicar» la resurrección (W. Elert, P. Althaus, W Joest, etc.). Sin embargo, la mavor parte de ellos ve allí el testimonio de un elemento particular del acontecimiento de la glorificación de Cristo y pone de relieve lo que significa la ascensión para la esperanza cristiana.

Podemos recoger los resultados más significativos de la reflexión teológica más reciente:

  1. El cambio de la imagen del mundo en la época moderna y la problemática de la desmitificación de los textos bíblicos y de las afirmaciones de la predicación cristiana tradicional, que de aquí se ha derivado, han estimulado a la teología a centrarse únicamente en el contenido de fe del acontecimiento de la ascensión y a relativizar las imágenes y las categorías culturales con que se ha revestido. Esto se refiere tanto al “traslado” espacial y temporal del Cristo glorioso como también a las imágenes con que se ha representado la realidad de la salvación expresada en él: por ejemplo, en el “cielo» se ve a Dios y la esfera de su vida divina gloriosa y beatificante, no ya el estrato superior del edificio cosmológico del mundo; la “derecha de Dios” es la vida, la dignidad y el honor divino, etc.
  2. La ascensión tiene que relacionarse íntimamente con la resurrección como paso de Jesús de la situación de existencia de este mundo (kata sarka) a la del mundo nuevo, escatológico, impregnada de la fuerza vivificante y glorificante del Espíritu (kata pnéuma).

Sin embargo, expresa un momento y un aspecto específico de la glorificación de la humanidad de Cristo, es decir, su colocación junto a Dios, su elevación a la participación de la vida de Dios en comunión eterna con él, su exaltación por encima de todas las criaturas.

La ascensión no es un “alejamiento” de Jesucristo de su Iglesia, de su Cuerpo, de la historia humana y del mundo, sino más bien su entrada y su permanencia en una condición nueva de existencia, gracias a las cuales, por la fuerza del Espíritu divino del que está totalmente impregnada su humanidad, puede estar realmente presente a ellos a lo largo de los tiempos, aunque de una forma misteriosa, en la espera de su luminosa manifestación a todos los hombres con su venida gloriosa (cf. Flp 3,21).

La valoración de las diversas perspectivas resaltadas por la tradición cristiana, especialmente por los Padres, ha estimulado a la teología actual a ilustrar el contenido doctrinal de la ascensión en la óptica eclesiológica, antropológica y cósmica. Por lo que se refiere a la perspectiva antropológica, la reflexión teológica actual muestra que la corporeidad del hombre, que tanto se exalta y hasta se idolatra hoy bajo algunos aspectos, mientras que en otros aspectos se la profana y se la vive con tanta superficialidad, recibe de la verdad de fe de la ascensión una poderosa inyección de sentido y de esperanza.

Y por lo que se refiere a la perspectiva cósmica, indica que la inserción del hombre en el cosmos, que hoy tanto se siente, incluso a nivel de conciencia ecológica, encuentra una motivación profunda en la perspectiva de salvación garantizada y prometida por Dios en la corporeidad humana de Jesús, límite de este mundo.

 

Fuente: G.lammarrone

Celebración de Sacramento de Unción de Enfermos

¿Está enfermo alguno de ustedes?
Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y lo unjan con el Oleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe, salvará al enfermo y el Señor hará que se levante, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados… “Oren unos por otros para que sean curados” (Santiago 5, 11, 16)

Apuntad con los sacerdotes en el despacho del templo durante la semana antes la celebración comunitaria del Sacramento de Unción de los Enfemos dentro de la Eucaristía el sábado 27 de mayo, 19 h 30. Es recomendable asistir la charla preparatoria a las 18h en la sala de actos el mismo día.

¿Quién puede recibir este sacramento?

La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (SC 73; cf CIC, can. 1004, §1; 1005; 1007; CCEO, can. 738). Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. (CIC 1514-1515)