¿Sabías que el Celtic de Glasgow fue fundado por un religioso marista?

El famoso equipo de fútbol Celtic de Glasgow fue fundado por el hermano Walfrid, un religioso marista irlandés que se trasladó a Escocia y que atendió a los miles de irlandeses católicos que emigraron debido a la hambruna en su isla.

La historia del hermano Walfrid y el Celtic.

Andrew Kerins, más conocido por su posterior nombre religioso como Hermano Walfrid, nació en Ballymote (Irlanda), el 18 de mayo de 1840. Creció durante la hambruna y se marcó como objetivo principal en la vida ayudar en todo lo posible para aliviar el hambre. Estudió magisterio y en 1864 solicitó la entrada en la Orden de los Maristas.

Se mudó a Escocia y en 1868 le nombraron profesor de la escuela parroquial de Santa María en el East End de Glasgow, el barrio de emigrantes católicos. En 1874 era ya su director y creó The Poor Children´s Dinner Table (La mesa de los niños pobres), una organización caritativa para ayudar a los niños más necesitados. La ayuda era espiritual y también material pues el hambre hacía estragos en esos momentos. Pronto se dejó la vida buscando dinero para sus niños pobres y consiguió la implicación de empresarios y de algunas personas importantes de la ciudad.  Él era un organizador nato y un adelantado a su tiempo.  Sus esfuerzos le llevaron a comprometerse en la organización de partidos de fútbol de  exhibición para recaudar fondos destinados a la caridad. Después de uno de estos partidos, decidió que Glasgow debería de tener un equipo de fútbol irlandés propio.

De este modo, el hermano Walfrid convocó una reunión en la sacristía de la Iglesia de Santa María, el 6 de noviembre de 1887 y propuso la creación de un equipo de fútbol que se llamase Celtic. Este nombre fue elegido para reflejar la identidad tanto irlandesa como escocesa. El primer partido benéfico se jugó en Mayo de 1888. Posteriormente, el Celtic se integró en la asociación de fútbol escocés en agosto de 1888. Desde entonces, el Celtic ha sido uno de los equipos más populares del mundo y cuenta con una de las aficiones más numerosas. El proyecto fue creciendo puesto que el equipo también servía para que los niños pudieran estar atendidos mientras sus padres, obreros todos, trabajaban en las factorías de Glasgow.

A partir de ahí el Celtic comenzó a expandir su identidad católica por todo el país. De este modo empezaron los míticos enfrentamientos deportivos con los protestantes del Rangers, así como sus primeros éxitos deportivos. Actualmente, es el equipo más laureado de Escocia e incluso llegó a ser campeón de Europa en 1967.

Escultura del Hermano Walfrid en el Celtic Park“Un club cuya razón de ser es la caridad”

Esto lo afirman desde el Celtic de Glasgow. Lejos de renegar de sus orígenes y ocultar quién y por qué se fundó uno de los equipos con más seguidores en todo el mundo, desde las filas del Celtic se sienten orgullosos de este origen católico y caritativo.

En  1892, el Hermano Walfrid fue trasladado a Londres, donde llevó a cabo un estupendo trabajo caritativo en favor de los pobres. En 1912, con motivo de su enfermedad, fue trasladado a Dumfries. Murió el 17 de abril de 1915 a la edad de 74 años y está enterrado en el cementerio de San Miguel en Dumfries (Escocia)

Su legado sigue muy presente en el club y la esencia católica es una seña indiscutible. El hermano Walfrid no es sólo el fundador del Celtic sino todo un símbolo y un ejemplo a seguir.

En el año 2003, los aficionados del Celtic del mundo entero comenzaron a pedir la construcción de un memorial para el Hermano Walfrid. Dos años después, el 5 de noviembre de 2005, se inauguró la escultura en su memoria en las inmediaciones del Celtic Park. Por otra parte, en el parque de su ciudad natal, Ballymote, hay un busto dedicado también a él.

Un ladrón arrepentido se confiesa … después de 50 años

Un ladrón arrepentido

Nunca es demasiado tarde para obtener la absolución de los pecados, como bien atestigua esta sorprendente historia digna de la serie policiaca Cold Case. El pasado diciembre, un sacerdote de Biarritz (Francia) escuchó en confesión a un anciano que le aseguró ser el autor de un hurto cometido hace cincuenta años. Y no era un robo cualquiera, sino el de una cruz de procesión policromada de “madera blanda de carolin” [álamo negro de Canadá, NdelT], que fue “extraída” del Convento de los Jacobinos de Toulouse en 1967 durante su restauración.

Pero ahí no queda la cosa, el penitente admitió su falta y además la reparó: puesto que el hombre nunca se había separado de la preciosa cruz, la entregó a su confesor en cuanto hubo recitado su acto de contrición y la absolución fue pronunciada.

Aunque desconcertado, el sacerdote remitió el preciado objeto a un compañero de Montpellier, que a su vez la entregó al municipio de Toulouse. El ayuntamiento de Toulouse, como propietario del convento –conocido también por albergar las reliquias de santo Tomás de Aquino–, ha iniciado el proceso de autentificación de origen de la pieza a través de la policía judicial regional, esperando, sin duda, devolverla al lugar que le corresponde, según informa la prensa local.

 

Fuente: Aleteia

Cinco meses después pudo despertar de un coma y conocer a su hijo

El 1 noviembre del año pasado Amelia tuvo un accidente de tráfico y quedó inconsciente. Viajaba con su marido y tres compañeras policías, como ella. Y su bebé, Santino, en el vientre. En lo que para muchos es un milagro, su hijo pudo nacer por cesárea para la Nochebuena, cuando se cursaba la semana 30 del embarazo. Pero pese a algunos momentos de ilusión, ella no pudo despertar. La familia no se despegó de su lado. Con los médicos, nunca bajaron los brazos. Pidieron oraciones. La trasladaron. Y este abril, despertó.

El caso conmocionó a la sociedad argentina y generó fuertes cadenas de oración

La historia conmueve a la provincia de Misiones, que siguió de cerca los vaivenes, estos cinco meses, de la familia de Amelia. Según había relatado su marido Cristian, ya cuando avisaron a Amelia que el niño nacería ella había abierto los ojos y movido las manos. Pero cognitivamente, no despertaba.

El `milagro´.

Tras el nacimiento de Santino, pusieron al bebé en su pecho. Y cuando éste lloró, abrió los ojos “grandes y fuertes”. Aún con los ojos abiertos, y pese a las numerosas estimulaciones de la familia, seguía sin despertar. Pero la familia, relataba su hermano César a la tv misionera Misiones Cuatro, confiaba en que Santino sería clave para el despertar de Amelia. Lo ponían a su lado permanentemente. En su pecho. Todos los días. Amelia, aún sin hablar, aún sin dar señales de estar despierta, lo acomodaba con los brazos, con los dedos. Movía los párpados.

Hasta que un día, junto con sus hermanos, comenzó a balbucear “sí” y “no”. “¿Estás hablando? Si me estás hablando sácame la lengua”, le interrogó su hermano. Y Amelia la sacó. En ese primer diálogo, y ante la pregunta de su hermano mientras le contaba del niño, ella le dijo “Dios me escuchó”.

“Fueron millones los que rezaron. Fue impresionante el apoyo espiritual que recibimos”, relató César, y confirmó que para los médicos es un milagro. “Dios existe porque ya lo demostró, nos lo demuestra día a día”, agradeció César refiriéndose a las cadenas de oración. “Todos se unieron por Amelia”, recordó.

Y es cierto. Todos se habían unido por ella, incluso en actividades solidarias para buscar fondos para cubrir con su tratamiento. Para el carnaval, el pueblo de San Pedro organizó una fiesta solidaria en la que se recaudaron más de 30 mil pesos. Los medios misioneros no dejaron de brindarle apoyo. Según César, también las autoridades provinciales. Y los mensajes de apoyo llegaron a la familia de todas partes del mundo.

El camino hacia una completa recuperación es largo, pero Amelia da grandes pasos. Ya comió. Besa a Santino. “Un milagro que busca otro más”, había escrito su hermano pocos días antes de que despierte, con una foto del bebé. El milagro encontró el otro milagro.

¿Conoces el primer graffiti de la historia que se reía del Cristianismo?

En 1857 es desenterrado en el Monte Palatino, el edificio denominado “Domus Gelotiana” y junto a él se descubrió, el que iba a ser conocido como el “graffiti de Alexamenos”. Este graffiti encontrado en un muro en el monte Palatino, una de las siete famosas colinas de Roma, es la primera representación  pictórica conocida de la crucifixión de Jesús y la primera blasfemia cristiana conocida. La imagen representa a un hombre con cabeza de burro que estaría crucificado y a su izquierda hay un hombre que levanta una mano, bajo este gráfico hay una leyenda escrita en griego: “Αλεξαμενος σεβετε θεον”, Alexamenos adora a [su] dios.

“Αλεξαμενος σεβετε θεον”, Alexamenos adora a [su] dios.
Es sabido que el mundo intelectual y popular grecoromano acusaba a la incipiente Iglesia primitiva de “antropofagia” (comer carne humana) en sus reuniones; clara referencia a la “fracción del pan” como se llamaba en ese entonces a la Eucaristía; y otra de las pocas conocidas era de “onolatria” (adoración de un asno), tal es la confirmación de esta calumnia con este grafito donde con burla a Alexamenos se lo quiere ridiculizar en su fe.

Desde esta primitiva figura grabada en un grafito hasta los últimos aportes de la tecnología al servicio del cine, donde con burla e ignorancia en películas como por ejemplo “El Código Da Vinci” de Dan Brown, se hace un continuo acto de ridiculez de nuestras creencias y prácticas como creyentes, o marcando un oscuro camino de sospechas y de mentiras en el surgimiento de nuestra fe.

Es verdad que muchas de las causas por las cuales la Iglesia es perseguida y atacada se deben a las debilidades y escándalos de sus miembros, que nada tienen que ver con el seguimiento a Jesús, pero por otra parte, es verdad que en la mayoría de los casos la Iglesia es continuamente atacada y descalificada por sus creencias y por el estilo de vida, valido y creíble, que propone ante tantas ofertas que hoy el mundo ofrece.

“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el Reino de los Cielos”.
(Mt 5,10)

La opción por una vida consagrada, el valor de la fidelidad, el respeto por la vida en todos sus órdenes, la vivencia de una sana sexualidad, la superación de nuestros egoísmos para salir en busca del prójimo, el perdón, el amor a nuestros enemigos, la valentía de anunciar y proclamar nuestra fe, todo esto solamente se vive y se entiende en lo que Juan Pablo II llamo la “lógica del amor” ante la “lógica del mal”, disfrazada de un progreso de las libertades individuales, que el mundo continuamente propone.

El graffiti de Alexamenos detalla en su dibujo, a un hombre con cabeza de burro crucificado, alterando la verdadera figura, transformándola en “más” grotesca e inaceptable para el mundo grecoromano. Los graffitis de hoy no solo son imágenes sino también voces y sonidos, donde en un festín de secuencias y momentos se rebaja y ridiculiza, se descalifica y vulgariza lo que muchos amamos y elegimos. Se altera y se desfigura nuestras creencias, parcializando nuestro mensaje, a modo de hacernos “intolerantes”, “retrógrados”, “medievales” y “cuadrados”, tal las expresiones que hoy en día circulan, hijas de estas grandes vidrieras mediáticas donde todo está bien y todo es aceptable.

Los “Alexamenos” de hoy

Somos para esta corriente, hombres con cabeza de burro que adoramos a Otro con cabeza de burro, y que en el fondo les diría sinceramente “y a mucha honra”, sus burlas, sus continuos ataques no hacen más que fortalecer y enraizar más nuestra fe. Nos hace abrazar más nuestro compromiso con Dios y con el hombre, y ser más diligente con el hermano más necesitado y alejado.

San Pablo nos decía:

“nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos”.

Pidamos como Iglesia esa fuerza y esa sabiduría que solo viene de Dios, para no renunciar a este mensaje en medio de tantas adversidades, y escribamos y dibujemos en el grafito de todos los hombres, que es su corazón, el verdadero rostro de Dios que es amor y que nos ama. Que los obstáculos del mundo nos ayuden a todos los cristianos a ser más fieles, auténticos y humanos para la felicidad del hombre y la gloria de Dios.

 

Fuente: email

Médico toca y canta para niña internada en el hospital con enfermedad rara

En las imágenes, una linda niña – con una sonda de suero – ensaya algunos pasos. En seguida se deja llevar por la música tocada y cantada por un médico. Parece que, por unos instantes, la niña se olvidó del sufrimiento causado por una enfermedad rara que padece en el hospital. La Histiocitosis de células de Langerhans, caracterizada por la proliferación de células específicas, que causan tumores alrededor de tegumentos, huesos y vísceras.

El video fue grabado en uno de los hospitales públicos más prestigiosos de América Latina. Es el Hospital de las Clínicas de la USP de Ribeirão Preto, interior de San Paulo.

La historia

En su perfil de Facebook, Paulo Martins, cuenta que decidió llevar un ukelele para llevar un poco de alegría a los internos. La mayoría eran adolescentes con cáncer. Él y algunos colegas empezaron, entonces, a tocar y cantar de cuarto en cuarto. Sofía, la muchachita del video, acompañaba todo de cerca. Fue cuando el papá de la niña le pidió al médico que tocara una canción para la pequeña.

“Al principio me quedé avergonzado, pues no sabía ninguna música infantil. Pero el papá me calmó, ‘a ella le gusta Marília Mendonça’. Comencé a tocar, bajito, y a medida que los acordes y la letra comenzaron a fluir, sus pasos mágicos me fueron acompañando. Bailó toda la canción. Terminaron pidiéndome otra. Toqué Medo Bobo y ella bailó divinamente bien. Al terminar, sólo había alegría. Todo el mundo estaba feliz, todo aquello se llamaba Paz”, escribió el residente en Facebook.

El video se hizo viral en Internet. Millones de personas ya lo han visto y se han contagiado con la iniciativa y con la alegría y la belleza de la pequeña Sofía.

El médico dijo que no era la primera vez que llevaba a cabo acciones para romper la rutina fría del hospital y dar un trato más humano. Él cuenta que ya ha confeccionado pijamas alegres y coloridos para los niños internados.

Y sostiene: “Amar y dedicarse al prójimo jamás debe ser un hecho único que llame la atención, tiene que ser algo constante y cotidiano. Los niños necesitan de eso. Nosotros tenemos que llevar alegría y buena energía a los lugares donde vamos. Jamás debemos dejarnos vencer por el mal humor, la indiferencia y la tristeza que algunas veces intentan contaminarnos”.

Fuente: Aleteia

Hoy es san Isidro Labrador, patrono de Madrid

San Isidro y el culto a los santos

El culto de los santos tiene en la Iglesia católica una función específica de ejemplaridad. La perfección obliga a todos y cada uno según su estado y condición. De ahí que la Iglesia presente a sus santos como hombres llamados a la santidad que correspondieron heroica y generosamente a este llamamiento divino. Precisamente porque son ejemplares de vida auténticamente cristiana, la Iglesia no se prodiga en admitir y canonizar toda esa serie incalculable de prodigios que los hagiógrafos de épocas pasadas han atribuido, y no pocas veces piadosamente inventado, en favor de sus héroes divinos. La Iglesia no confunde la santidad con los portentos; no teme decir que sus santos tenían todas las características de los hombres corrientes, si bien insiste en que han calado en toda su realidad el imperativo evangélico de “Niégate a ti mismo… y sígueme”.

Porque la misión específica de los santos es de ejemplaridad y la urgencia de “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” es de tanta actualidad hoy como ayer, en el santoral católico aparecen santos de todas las edades y de todas las condiciones, santos de sotana y santos de hábito, santos con cogulla y santos de cabeza descubierta, trajeados a la antigua y con pantalón y chaqueta, militares y civiles, profesionales y artesanos, mantos reales y abarcas polvorientas. Aparecen santos de carácter fuerte y enérgico, santos de carácter dulce y apacible, solitarios y metidos en sociedad, con marcado sentido del humor y retraídos, santos de ciencia y santos iletrados. Cada uno con su idiosincrasia, con sus formas sociales y sus cualidades intelectuales y temperamentales; pero, a la vez, todos ellos con un denominador común: vocación decidida a la santidad. Quisieron y fueron santos.

El criterio de la Iglesia

El equilibrado y sereno criterio de la Iglesia los presentará con sus legítimos sentimientos de seres humanos y sus notas de hombres comunes. Hablará de santos que, cansados de recorrer tierras extrañas, casi resulta imposible fijarles una patria política. Son ciudadanos del mundo, pero auténticos patriotas, con un patriotismo inspirado en su fidelidad a la tierra que les vio nacer. Fieles a su patria, el patriotismo de estos hombres de Dios y voceros de Cristo resulta ser el mejor antídoto para curar nuestras miopes concepciones de la patria.

Su patriotismo no podrá ofrecerse como mercancía política ni enarbolarse como bandera de resentimientos nacionales, porque se alimenta de la sangre divina de Cristo y está iluminado por su eterna Verdad, que fue dada gratuitamente como patrimonio a la humanidad, sin distinción de razas ni limitación de fronteras. Estriba en el dogma de la comunión de los santos, por el que todos los hijos de Dios se sienten unidos por los vínculos sagrados de la caridad.

Presentará también la Iglesia a sus hijos viadores santos que nunca traspasaron los límites de su aldea, santos de “un solo paisaje”, pero que en el candor de sus ojos llevarán inconfundible a sus semejantes “el Camino, la Verdad y la Vida de Cristo”. Presentará a santos que sienten la nostalgia del terruño, encariñados con sus pobres instrumentos de labor, que sufren habiendo de abandonar su aldea forzados por las circunstancias. Entre éstos aparece, algún tanto difuminado por la hagiografía, tal vez en demasía piadosa, pero real e histórico en sus rasgos fundamentales, San Isidro, labrador, celestial patrono de la capital y de las Hermandades de Labradores y Ganaderos de toda España.

De no haberse dejado llevar sus historiadores por esa tendencia, piadosa, pero muy poco objetiva, de presentar a los santos como seres de especie superior, nimbados con el halo del portento, no resultaría tan difícil trazar hoy su semblanza conforme a la realidad y a la Historia. Con lo eficaz y provechoso que sería presentar a los trabajadores del campo de nuestra edad un colega suyo, de su mismo oficio, ganando el pan de cada día con el sudor ,de su frente y el esfuerzo de sus brazos, sufriendo con entereza varonil y fortaleza cristiana los golpes de la envidia, “poniendo amor donde había odio, perdón donde había ofensa, unión donde había discordia, esperanza donde había desesperación, alegría donde había tristeza”. Acaso el ejemplo de un santo con hábito talar lo miren con indiferencia y gesto de ironía los hombres de hoy.

Esos hombres a quienes anima un espíritu excesivamente crítico, para quienes los valores espirituales, si cuentan, son sometidos a la balanza de los intereses humanos, para quienes la santidad es una actividad exclusiva de una profesión que casi no se diferencia de otras ocupaciones humanas. Sin embargo, el de un santo con abarcas rotas, con la aguijada en la mano, delante de sí una yunta y un arado y ante sus ojos un campo que no es propio, sino ajeno, no podrá menos de impresionar y, en su muda elocuencia, de llevar a esas inteligencias, incultas unas y nubladas otras, destellos de luz divina, y a esos corazones triturados y sedientos el agua pura de la esperanza y de la resignación.

Un poco de historia

Ocupaba el trono de Castilla don Alfonso el Bravo cuando en la villa de Madrid, diócesis entonces de Toledo, nació San Isidro. Se ignora a punto fijo el año de su nacimiento, pero parece ser que tuvo lugar entre 1080 y 1082. Tampoco se sabe la parroquia donde recibió el agua del bautismo, si bien se cree que fue en la parroquia de San Andrés. Seguramente que le pusieron Isidro, síncopa de Isidoro, en memoria del gran arzobispo de Sevilla.

Sus padres, pobres en bienes de fortuna pero ricos en virtud, inculcaron desde los primeros años en su hijo el santo temor de Dios y la práctica de las virtudes cristianas. La precaria situación económica en que los progenitores de Isidro se encontraban obligó a éste a dedicarse desde muy joven a las rudas faenas del campo. Gregorio XV afirma que “nunca salió para su trabajo sin antes oír, muy de madrugada, la Santa Misa y encomendarse a Dios y a su Madre Santísima”. Asegura a su vez que, a pesar de su labor fatigosa, jamás dejó de cumplir con los ayunos y vigilias de la Iglesia.

Los comienzos de san Isidro

Huérfano y solo en el mundo, el joven Isidro se alquiló como bracero de un señor de Madrid apellidado Vera. Su fidelidad y nada vulgar espíritu de trabajo le mereció muy pronto la preferencia y simpatía de su amo. Envidiosos sus compañeros de la estima en que su común señor le tenía, acudieron a la censura y a la intriga, acusándole de que, en vez de trabajar, se dedicaba a la oración. Con elegancia cristiana perdonó el pobre huérfano “cumplidamente” a sus acusadores.

Cuando Alí, rey de los almorávides, venció a Alfonso el Bravo y penetró con un formidable ejército por tierras de Toledo, apoderándose de Madrid, el miedo obligó a huir a aquellos pacíficos y laboriosos campesinos. Isidro corrió entonces la suerte de los emigrados. Se detuvo en Torrelaguna, donde tenía algunos lejanos parientes. Allí se puso al servicio de uno de los grandes terratenientes de la localidad. No tardaron sus compañeros de labor en volver a hacerle blanco de injustas acusaciones, hasta el extremo que su amo, fácil a la intriga e ignorante de la virtud de su nuevo criado, hubo de someterle a la humillación de la prueba y a exigir de él más rendimiento que de los otros. Isidro soportó paciente y con humildad la vileza de las acusaciones y la injusticia de la prueba; pero defendió su honradez con entereza y dignidad. Era costumbre en Castilla que el señor entregase, en concepto de salario, a sus criados una porción de tierra, que se decía pegujal, a fin de que con sus frutos pudiesen decorosamente vestirse. Isidro trabajó su pegujal con tan buena fortuna, que obtuvo de su campo cuantioso grano. Esta circunstancia agravó la ya mala disposición de su patrono, trabajada por la maldad de los envidiosos. Advirtiólo el Santo y sin animosidad, pero con noble gesto, calmó sus iras, diciéndole: “Tomad, señor, todo el grano. Yo me quedaré con la paja.” Dios se encargó de confundir la envidia de los unos y la codicia del otro, multiplicando milagrosamente el poco trigo que entre la paja había quedado.

Matrimonio santo

Estando en Torrelaguna, Isidro contrajo matrimonio con una joven del pueblo de Uceda. La historia la conoce con el nombre de Santa María de la Cabeza, no porque éste fuese su apellido, sino porque, después de su muerte, su cabeza fue trasladada a una ermita de Nuestra Señora, situada no muy lejos de Torrelaguna.

Acaso por la incomprensión de su amo y, a su vez, llevado por la nostalgia de su pueblo natal, nuestro Santo labrador, acompañado de su joven esposa, hubo de trasladarse definitivamente a Madrid. De nuevo en la villa que le vio nacer, trabajó las tierras que Juan de Vargas tenía en una localidad vecina, donde se dice que le nació su primero y único hijo. Satisfecho Vargas de la laboriosidad y honradez de su colono, le puso muy pronto al frente de toda su hacienda, en su mayor parte encuadrada en el término de la villa madrileña. Ya San Isidro no volvió a abandonar su tierra hasta que murió a la edad avanzada de noventa años.

En esta época es cuando sus biógrafos colocan el tan conocido milagro de los ángeles. Sus émulos no cejaban en la persecución, y Vargas hubo de cerciorarse de la inocencia y santidad de su mayoral, viendo con sus propios ojos que, mientras Isidro oraba, dos ángeles vestidos de blanco conducían la yunta con que él araba.

San Isidro es la personificación de las virtudes populares. Su vida, sencilla y metódica, podría escribirse en muy pocas líneas, de no ser tantos los milagros que se le atribuyen. Si bien es cierto que todos los biógrafos lo presentan nimbado con esa aureola de portento difuminada entre rasgos de piadosa leyenda, la realidad histórica y humana de su vida no puede precisarse, ya que no existe, por desgracia, ninguna crítica.

Canonización de San Isidro

Con todo, a la luz de la bula de su canonización pueden fijarse como características y virtudes culminantes del Santo la fidelidad a sus amos, el espíritu de trabajo armonizado con una intensa vida de oración, la humildad y la fortaleza en sufrir las injustas acusaciones y defender su honradez y su gran caridad para con los pobres necesitados, a quienes diariamente hacía partícipes de su sencilla y frugal mesa. Todo ello habla muy alto de la nobleza de su alma y de la reciedumbre de su espíritu castellano y profundamente evangélico.

Próximo a expirar “hizo humildísima confesión de sus faltas, recibió el Viático y exhortó a los suyos al amor de Dios y del prójimo”. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de San Andrés, y, a pesar de permanecer allí expuesto a las inclemencias del tiempo durante cuarenta años, se conservó incorrupto, exhalando suavísimo olor, dice el documento pontificio. Un amigo suyo lo trasladó, a expensas propias, del cementerio común a la iglesia donde se dice fuera bautizado.

Por los años de 1163 fue visto y examinado su sepulcro por delegados de la Sede Apostólica, y dieron fe, según testimonio de la misma bula, de su incorrupción. A instancias del rey Felipe III, cuya milagrosa curación la atribuía al Santo, fue beatificado por el papa Paulo V. Tres años más tarde, Gregorio XV lo canonizó.

Goya dejó a la posteridad un hermoso cuadro de San Isidro, que se conserva en la Biblioteca Nacional. El gremio de plateros de Madrid costeó la rica urna de plata que guarda sus preciosos restos, expuesta a la veneración del público en la catedral madrileña.

Fuente: SALVADOR BALTAR, O. F. M.

 

 

 

PLANAZO: Comida Pascual y excursión familiar parroquial

Como cada año la comunidad parroquial de Santa Eugenia os invita a participar  tanto de la comida de Pascua  como de la excursión familiar los días 21 de mayo y 10 de junio respectivamente.

Comida de pascua PARROQUIAL

El domingo 21 de mayo comeremos juntos en los salones parroquiales a las 14h. El precio por adulto se estima en unos 12 y por niño en unos 6. Para apuntarse hay que pasarse por el despacho parroquial o comunicárselo a alguno de los catequistas de infancia, preas o confirmación.

Excursión FAMILIAR Parroquial

¿CUÁNDO?

El sábado 10 de junio quedaremos a las 9:00 de la mañana para a las 9:30 salir todos juntos en autobús. Volveremos en torno a las 20 – 21h.

¿DÓNDE?

Este año vamos a ir a Boca del Asno en Segovia. En el caso de que haga mal tempo, tenemos un lugar alternativo donde pasar el día.

¿QUÉ HAGO PARA APUNTAR A MI FAMILIA?

Comunícaselo a cualquiera de los sacerdotes o a los catequistas de infancia, preas o confirmación.

¿QUÉ TENGO QUE LLEVAR?

Conviene llevar comida y bebida para compartir, así como mesas y sillas plegables si las teneis en casa. Existe la posibilidad de darse un chapuzón en el río y por eso conviene llevar bañador y toalla. También es altamente recomendable llevar gorra, protector solar, antimosquitos, ropa de recambio….

¿CUÁNTO CUESTA?

El precio del autobús ida y vuelta por persona sale en torno a los 8 euros.

¿QUÉ VAMOS A HACER?

El plan es pasar el día juntos. Vamos a tener tiempo para: jugar, hacer una pequeña excursión, bañarnos en el río, comer todos juntos, tiempo de sobremesa, celebar la Eucaristía…

Eucaristía y humildad

Para este mes de Mayo, dedicado a María, “la esclava del Señor”, os proponemos un buen tema para leer y reflexionar: ¡La Eucaristía!, misterio insondable de amor, de entrega y donación a quien se acerca con humildad a él. La humildad es el camino por el que tendremos fácil acceso a todos los misterios de Dios, ya que solo a los “humildes” Dios les revela sus secretos.

La Eucaristía, que aparentemente es “nada”, es el gran don que Dios hace a los que con corazón sencillo se acercan, aunque “no sean dignos de que entre en su casa”.

¿Qué es la humildad?

La humildad es la virtud que modera el apetito que tenemos de la propia excelencia, del propio valer.  Es una virtud que nos lleva a reconocer la grandeza de Dios y, al mismo tiempo, al conocimiento exacto de nosotros mismos, procurando para nosotros la oscuridad y el justo aprecio por amor a Cristo.

Es una virtud que no conocieron los paganos griegos o romanos ni las grandes civilizaciones antes del Cristianismo. Ellos –los grecolatinos- buscaban siempre la excelencia en todo, y para ello usaban de todas las tretas, sean lícitas y buenas, o no tan buenas. No sabían reconocer sus límites ni sus defectos. Es más, buscaban inmortalizar su gloria y su honor, que buscaban con frenesí. Para ellos, la humildad era un defecto, una debilidad.

La humildad la trajo Jesús del cielo, pues no se encontraba entre los mortales. Y la trajo, encarnándola Él mismo en su ser. Él es la Humildad misma.

Para nosotros, ¿qué es la humildad?

La humildad es una virtud que sabe reconocer lo bueno que hay en nosotros, para agradecer a Dios de quien viene todo lo bueno que somos y tenemos, sin apropiarnos nada. Sabe reconocer los propios límites y defectos, no para desanimarse, sino para superarlos con la ayuda de Dios.

Por ejemplo, ¿qué diríais de aquél que alaba un cuadro? ¿A quién debería alabar: al cuadro o al pintor de ese cuadro?

“No niegues tus cualidades ni los éxitos que logres. El Señor se sirve de ti, lo mismo que el artista utiliza un pincel barato” CE 515

La humildad es una virtud que sabe abajarse para servir a los demás, a quienes aprecia e incluso considera mejor que él mismo. Es más, se alegra que los demás sean más amados, preferidos, consultados, alabados que él.

¿Qué relación hay entre Eucaristía y humildad?

La Eucaristía es el sacramento del abajamiento, del ocultamiento. Más no podía bajar Dios. Él, que podría manifestarse en el esplendor de su gloria divina, se hace presente del modo más humilde. Se pone al servicio de la humanidad, siendo Él el Señor.

No se consideró más que los demás, no vino a despreciar a nadie, no vino a hacer sombra a nadie, no vino a desplazar a nadie, no vino a considerarse el mejor, el más santo, el más perfecto.

Se hace el más humilde de todos. El pan es la comida del humilde y del pobre. Es un pan que se da, se parte, se comparte, se reparte. ¡Cuántos gestos de amor humilde!

Jesús Eucaristía está aquí escondido, aún más que en el pesebre, aún más que en el calvario. En el pesebre y en la cruz se escondía solo la divinidad, aquí en la eucaristía también esconde la humanidad. Y sin embargo, desde el fondo del Tabernáculo es la causa primera y principal de todo el bien que se hace en el mundo. Él inspira, conforta, consuela a los misioneros, a los mártires, a las vírgenes. Él quiere estar escondido y hacer el bien a escondidas, en silencio, sin llamar la atención.

¿Y cuántas afrentas e insultos, profanaciones, distracciones, soledad, desatenciones, no recibe este Sacramento del amor? Y en vez de quejarse, protestar o cerrar su Sagrario, dice “Venid a Mí . . . todos”.

¡Cuántas veces vamos a comulgar no con las debidas disposiciones, ni con el fervor que deberíamos, ni con la atención suficiente! Y no sé cuántos de los que comulgan en la mano la tienen limpia, aseada, y hacen de su mano realmente un verdadero trono decente y puro para recibir al Señor. ¡Hasta ahí se rebaja! Podemos hacer con Él lo que queramos. No se resiste, no se altera, no echa en cara. Todo lo aguanta, lo tolera.

¿Cuál es el compromiso que adquirimos al comulgar, al acercarnos y vivir la Eucaristía?

Ser humildes. Quien comulga a Cristo Eucaristía se hace fuerte para vivir esta virtud difícil y recia, la humildad.

  1. La humildad es la llave que nos abre los tesoros de la gracia. “A los humildes Dios da su gracia”, nos dice san Pedro en su primera carta. A los soberbios Dios los resiste, pues éstos buscan solo su provecho. Dios, a los humildes les da a conocer los misterios, a los soberbios se los oculta.
  2. La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Sin la humildad, las demás virtudes quedan flojas, endebles. Y se caen, tarde o temprano.
  3. La humildad es el nuevo orden de cosas que trajo Jesús a la tierra. “Los más grandes son los que sirven, los más altos son los que se abajan”.

“¿Quieres ser grande? Comienza por hacerte pequeño. ¿Piensas construir un edificio de colosal altura? Dedícate primero al cimiento bajo y cuanto más elevado sea el edificio que quieras levantar, tanto más honda debes preparar su base. Los edificios antes de llegar a las alturas se humillan”. San Agustín.

La humildad consiste esencialmente en la conciencia del puesto que ocupamos frente a Dios y a los hombres y en la sabia moderación de nuestros deseos de gloria.

La humildad no nos prohíbe tener conciencia de los talentos recibidos, ni disfrutarlos plenamente con corazón recto; sólo nos prohíbe el desorden de jactarnos de ellos y presumir de nosotros mismos. Todo lo bueno que existe en nosotros, pertenece a Dios.

Que la Eucaristía nos ayude a ser cada día más humildes.

Fuente: STBC

Historia de las apariciones de la Virgen de Fátima

Como preparación a las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, un ángel quien se identificó como el “Ángel de Portugal”, le habló en primer lugar a los niños diciéndoles: “No temáis. Yo soy el ángel de la Paz. Rezad conmigo.

Luego él se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó:

“Dios mío, yo creo, yo os adoro y yo os amo!, os pido perdón por aquellos que no creen, no os adoran, no confían y no os aman!”

Él dijo esta oración tres veces. Cuando acabó, le dijo a los niños:

“Rezad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas”.

Él dejó a los niños quienes empezaron a decir esta oración frecuentemente.

Las apariciones del Ángel de Portugal (1916)

En la Portugal rural del 1917 no es inusual el ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos primos, hacían en estos días. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad, agradecidos por la suerte de estar al aire libre y de jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio. Ellos llevaban a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblecito de Fátima (donde se encontraba la Iglesia parroquial ) y Aljustrel (donde vivían los niños).

Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeço (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Ensenada de Irene) a una corta distancia de Fátima. En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y de la historia del siglo XX.

La primera aparición del Ángel de Portugal

En la primavera de 1916 Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron su primer encuentro con un mensajero celestial. Escribiendo en sus memorias, compuestas bajo obediencia a su obispo, Lucía nos cuenta sobre esa primera reunión:

Fuimos esa vez a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeço, mirando hacia el este. Se llama Chousa Velha.

Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas, en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino, Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y también Casa Velha y Eira da Pedra. La arboleda de pinos, que en realidad pertenece a varias personas, se extiende hasta estos lugares.

Pasamos el día allí, ya que la lluvia había pasado y el sol brillaba en el cielo azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario. Después de eso, comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba pasando, ya que era un día tan calmado. Luego comenzamos a ver, a distancia, sobre los árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rayos del sol. Al acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absorbidos y no nos dijimos nada el uno al otro. Luego él dijo:

No tengáis miedo. Soy el ángel de la paz. Orad conmigo.

Él se arrodilló, doblando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir:

Dios mío, yo creo en Vos, yo os adoro, yo  espero y yo os amo. Os pido perdón por los que no creen, no os adoran, no  esperan y no os aman.

Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo:

Orad de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharos.

Y desapareció. Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e íntima que aún entre nosotros mismos no podíamos hablar. Al día siguiente, también esta atmósfera nos ataba, y se fue disminuyendo y desapareció gradualmente. Ninguno de nosotros pensó en hablar de esta aparición o hacer ningún tipo de promesa en secreto. Estabamos encerrados en el silencio sin tan  siquiera desearlo.

El efecto intenso de esta aparición del Angel que tuvo sobre los niños, fue diferente a la experiencia un tanto más serena con la de la Virgen al año siguiente. Lucía dice:

No sé por que,  pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que los de las visitas del ángel. En las dos ocasiones sentimos la misma felicidad interna, paz y gozo, pero en vez de la posición física de postrarse hasta el suelo que impuso el ángel, nuestra Señora trajo una sensación de expansión y libertad, y en vez de este aniquilamiento en la presencia divina, deseábamos solamente exultar nuestro gozo. No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme.

Esta diferencia puede tal vez ser explicada de la siguiente manera. Los ángeles cualquiera que sea su coro tienen en común con Dios una naturaleza espiritual, no mezclada con la materia. La bondad de su ser, llena de justicia divina de acuerdo con el nivel de gloria dado a cada uno, irradia esa santidad sin mediación, por tanto proporcionada a la capacidad de los seres humanos para experimentarla. No sin razón las escrituras demuestran cuan fácil se puede confundir a un ángel apareciéndose a un hombre con el mismo Dios. (Apoc. 19:10, 22:9). Sin embargo, cuando se aparece nuestra Señora, aunque su gloria es mayor a la del más alto serafín, su naturaleza humana cubre esta gloria, así como pasó con la naturaleza de nuestro Señor, aún después de su Resurrección.

Aunque los ángeles también pueden aparecer en una forma más mundana, debe haber sido parte del propósito divino el revelarle a los niños algo de la Santidad de Dios. Lucía nos dice sobre este efecto que tardó en desaparecer:

Sus palabras se grabaron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos, hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta que nos caíamos exhaustos.

La Segunda Aparición del Ángel de Portugal

Durante el verano de 1916 los tres primos estaban jugando en el calor del día en el jardín cerca del pozo detrás de la casa de los Santos en Aljustrel. Lucía describe cómo el ángel se les apareció una vez más, regañándoles por su falta de seriedad espiritual.

De repente vimos al mismo ángel cerca de nosotros.

¿Que estáis haciendo? Teneis que rezar!. Rezar!. Los corazones de Jesús y María tienen designios Misericordiosos para vosotros. Debeis ofrecer vuestras oraciones y sacrificios a Dios, el Altísimo.

¿Pero cómo nos debemos sacrificar? Pregunté.

En todas las formas que podais ofrecer sacrificios a Dios en reparación por los pecados por los que Él es ofendido, y en suplicación por los pecadores. De esta forma vosotros traereis la paz a este país, ya que yo soy su ángel guardián, el Angel de Portugal. Además, aceptad y soportad con paciencia los sufrimientos que Dios os enviará.

Esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo el primero en ellos. Francisco, quien a lo largo de las apariciones del ángel y de nuestra Señora podía ver pero no escuchar, no tuvo éxito en obtener de las niñas las palabras que el ángel había dicho hasta el próximo día. Lucía nos dice:

Las palabras del ángel se sumieron en lo profundo de nuestras almas como llamas ardientes, mostrándonos quien es Dios, cual es su Amor por nosotros, y cómo Él quiere que nosotros le amemos también, el valor del sacrificio y cuanto Le agrada, cómo El lo recibe para la conversión de los pecadores. Es por eso que a partir de ese momento comenzamos a ofrecerle algunos sacrificios que nos mortificaran.

La Tercera Aparición del Ángel de Portugal

Lucía no está segura de cuando ocurrió la tercera aparición del ángel. Ella cree recordar que fue a finales de Septiembre u Octubre de 1916. Habiéndose dirigido a Cabeço con sus rebaños, y estando más atentos a las palabras del ángel, ellos se arrodillaron inmediatamente para orar la oración que les enseño el ángel: Dios mío, yo creo en ti, yo te adoro…etc.

Después de haber repetido esta oración no sé cuantas veces vimos a una luz extraña brillar sobre nosotros. Levantamos nuestras cabezas para ver que pasaba. El ángel tenía en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, estaba una hostia de donde caían gotas de sangre en el cáliz. El ángel dejó el cáliz en el aire, se arrodilló cerca de nosotros y nos pidió que repitiesemos tres veces:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente, y os ofrezco el precioso cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de las ingratitudes,  sacrilegios e indiferencia por medio de las cuales Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y por el del Inmaculado Corazón de María, os pido humildemente por la conversión de los pobres pecadores.

Después se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia. La hostia me la dio a mí y el contenido del cáliz se lo dio a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo terriblemente agraviado por la ingratitud de los hombres. Ofreced reparación por ellos y consolad a Dios.

Una vez más él se inclinó al suelo repitiendo con nosotros la misma oración tres veces: Oh Santísima Trinidad…etc.,  y desapareció. Abrumados por la atmósfera sobrenatural que nos envolvía, imitamos al ángel en todo, arrodillándonos postrándonos como él lo hizo y repitiendo las oraciones como él las decía.

Fue de esta forma en la que fueron catequizados en oración, sufrimiento por reparación, y en la doctrina de la Santa Eucaristía, y fortalecidos por el Pan de los Angeles, como los niños de Fátima fueron preparados para la visita de la Reina de Portugal, la Inmaculada Virgen María.

Apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima (1917)

Casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron haciendo lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía ahora 10 años, Francisco nueve en Junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo, cuando el 13 de mayo de 1917, decidieron llevar sus ovejas a unas colinas que pertenecían al padre de Lucía conocidas como Cova da Iria, o Ensenada de Irene. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en seis ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).

Tan importante como el lugar y el momento eran la situación a nivel mundial. En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta el día de hoy. En la lejanía de Moscu, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social Ruso en Noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes de esta tierra. Fue en este contexto en el que el cielo intercede por la tierra para proveer el antídoto para los males morales y sociales del mundo – el mensaje de Fátima.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de mayo de 1917

Llevando a su rebaño fuera de Aljustrel en la mañana del 13 de mayo, la fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, los tres niños  pasaron  Fátima, donde se encontraban la parroquia y el cementerio, y prosiguieron más o menos un kilómetro hacia el norte a las pendientes de Cova. Aquí dejaron que sus ovejas pastorearan mientras ellos jugaban en la pradera que tenía algún  que otro árbol de roble. Después de haber tomado su almuerzo alrededor del mediodía decidieron rezar el rosario, aunque de una manera un poco trucada, diciendo sólo las primeras palabras de cada oración. Al instante, ellos sufrieron un sobresalto,  que después describieron como un “rayo en medio de un cielo azul”. Pensando que una tormenta se acercaba se debatían si debían recoger las ovejas e irse a casa. Preparándose para hacerlo fueron nuevamente sorprendidos por una luz extraña.

Comenzamos a ir cuesta abajo llevando a las ovejas hacia el camino. Cuando estabamos en la mitad de la cuesta, cerca de un árbol de roble (el gran árbol que hoy en día está rodeado de una reja de hierro), vimos otro rayo, y después de dar unos cuantos pasos más vimos en un árbol de roble (uno más pequeño más abajo en la colina) a una señora vestida de blanco, que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de pura agua cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estabamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio.

Por favor no temáis, no os voy a hacer daño.

Lucía respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones

¿De dónde sois?

Yo vengo del cielo.

La Señora vestía con un manto puramente blanco, con un borde de oro que caía hasta sus pies. En sus manos llevaba las cuentas del rosario que parecían estrellas, con un crucifijo que era la gema más radiante de todas. Quieta, Lucía no tenía miedo. La presencia de la Señora le producía solo felicidad y un gozo confiado.

“¿Qué queréis de mi?”

Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes durante los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quien soy, y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez.

” ¿Y yo iré al cielo?”

Sí, tu irás al cielo.

” ¿Y Jacinta?”

Ella también irá.

“¿Y Francisco?”

Él también,  pero primero debe rezar muchos Rosarios.

La Señora miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. Lucía después se acordó de algunos amigos que habían fallecido.

“¿Y María Nieves está en el cielo?

Si, ella está en el cielo.

“¿Y Amelia?”

Ella está en el purgatorio.

Os ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe, en reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores.

“Oh sí, lo haremos”

Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con vosotros y os fortalecerá.

Lucía relata que mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazada por ella. Por un impulso interior de gracia caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones: “Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Dios mio, Dios mio, te amo en el Santísimo Sacramento”

Los niños permanecían de rodillas en el torrente de esta luz maravillosa, hasta que la Señora habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, de la que tenían poca o  ninguna noción.

Rezad el Rosario todos los días, para traer la paz al mundo y el final de la guerra.

Después de esto Ella  comenzó a elevarse lentamente hacia el este, hasta que desapareció en la inmensa distancia. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas, es por eso que a veces decíamos que vimos a los cielos abrirse.

Los días siguientes estuvimos llenos de entusiasmo, aunque ellos no pretendían que fueran así. Lucía había prevenido a los otros de mantener  su visita en secreto, sabiendo correctamente las dificultades que ellos experimentarían si los eventos se supiesen. Sin embargo la felicidad de Jacinta no pudo ser contenida, cuando prontamente se olvidó de su promesa y se lo reveló todo a su madre, quien la escuchó pacientemente pero le dio poca credibilidad a los hechos. Sus hermanos y hermanas se metían con sus preguntas y chistes. Entre los interrogadores solo su padre, “Tio Marto”,  estuvo inclinado a aceptar la historia como verdad. El creía en la honestidad de sus hijos, y tenía una simple apreciación de las obras de Dios, de manera que él se convirtió en el primer creyente de las apariciones de Fátima.

La madre de Lucía, por otro lado, cuando finalmente escuchó lo que había ocurrido, creyó que su propia hija no solo era la instigadora de un fraude, si no de una blasfemia. Lucía comprendió rápidamente lo que la Señora quería decir cuando dijo que ellos sufrirían mucho. María Rosa no pudo hacer que Lucía se retractara, aún bajo amenazas. Finalmente la llevó a la fuerza donde el párroco, el padre Ferreira, sin tener éxito. Por otro lado, el padre de Lucía, quien no era muy religioso, estaba prácticamente indiferente, atribuyendo todo a los caprichos de mujeres. Las próximas semanas, mientras los niños esperaban su próxima visita de la Señora en Junio, les revelaron que tenían pocos creyentes, y muchos en contra en Aljustrel y Fátima

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de junio de 1917

Detalle de la corona de la Virgen

En Portugal, el trece de Junio es una gran fiesta, la fiesta de San Antonio de Lisboa, conocido comúnmente como San Antonio de Padua. Este milagroso franciscano nació en Lisboa y había entrado a la vida religiosa como un Canónigo Ragular de la Santa Cruz, residiendo primero en Lisboa y después en Coimbra antes de dejar la orden Portuguesa,  para ingresar a la nueva orden de Hermanos Franciscanos Menores y esperar el martirio en tierras lejanas de misión. Esta fecha citada del 13 de junio,  era y es, la fiesta de los niños en Portugal, de manera que los padres de Lucía naturalmente pensaron que las festividades de la parroquia de Fátima distraerían a Lucia de su cita en Cova. Sin embrago, no afectada por esta táctica Lucía y los Marto procedieron a ir al sitio de la aparición para cumplir con su cita al mediodía.

Cuando ellos llegaron vieron que había una pequeña multitud esperándolos.

Después de haber recitado el rosario con Jacinta y Francisco junto con las personas que estaban presentes, vimos otra vez, el reflejo de luz que se nos acercaba (solíamos decir que eran rayos) y después, a Nuestra Señora en el roble como en mayo.

” Por favor dígame, Señora, ¿qué es lo que quiere de mi?”

Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Quiero que continúeis diciendo el Rosario todos los días. Después de cada misterio, hijos mios, quiero que receisn de esta manera. “Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia”. Quiero que aprendais a leer y a escribir, y luego os diré que más quiero de vosotros.

“¿Nos llevará al cielo?”

Si, me llevaré a Jacinta y a Francisco muy pronto, pero tú te quedarás un poco más, ya que Jesús desea que tu me hagas conocer y amar en la tierra. Él también desea que tú establezcas devoción en el mundo entero a mi Inmaculado Corazón.

“¿Debo permanecer en el mundo sola?”

No sola, hija mía, y no debes estar triste. Yo estaré contigo siempre, y mi Inmaculado Corazón será tu consuelo y el camino que te llevará hacia Dios.

En el momento en el que ella dijo las últimas palabras, abriendo sus manos, Ella nos transmitió por segunda vez, el reflejo de esa luz intensa. En ella sentíamos que estabamos sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba hacia los Cielos, y yo en la parte que se derramaba sobre la tierra. En frente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón rodeado de espinas que parecían clavársele. Entendimos que era el Inmaculado Corazón de María ofrecido por los pecados de la humanidad, deseando ansiosamente reparación.

La aparición luego terminó como en la primera ocasión, con la Señora elevándose hacia el este y desapareciendo en la “inmensidad de los cielos”.

A pesar del gozo de esos preciosos momentos el dolor de los niños continuó las siguientes semanas, moderado por la creencia de muy pocos de los presentes en Cova ese día. Ellos sabían que algo inusual había ocurrido – vieron los “rayos”, algunos percibieron un cierto oscurecimiento del sol, otros una pequeña nube gris que iba y venía mientras ocurría la aparición y ellos creyeron. Sin embargo, las dificultades con sus familias no cesaron, especialmente con sus madres, quienes estaban verdaderamente alarmadas ya que los eventos no sólo continuaban sino que más bien se expandían. A ésto se le añadió la ardua cautela del párroco, que sospechaba que después de todo esto fuera a ser real,  pero de del demonio.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de Julio de 1917

Mientras se acercaba la fecha de Julio, Lucía continuaba turbada por las palabras de su párroco que advertía que el diablo podría estar detrás de estas apariciones. Finalmente, ella le confió a Jacinta que su intención era de no ir. Pero cuando el día finalmente llegó, sus miedos y ansiedades desaparecieron, de manera que a las doce estaba en Cova con Jacinta y Francisco, esperando la llegada de la bella Señora.

La aparición del 13 de julio probó ser en muchas formas,  la parte más controvertida del mensaje de Fátima, proveyendo un secreto en tres partes que los niños guardaron celosamente. Las primeras dos partes, la visión del infierno y la profecía del futuro rol de Rusia y cómo prevenirlo, no serían reveladas hasta que Lucía las escribió en su tercer diario, en obediencia al obispo, en 1941. La tercera parte, comúnmente conocido como el Tercer Secreto, fue más tarde comunicado al obispo, quien lo envió sin leer al Papa Pío XII.

Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iria, cerca de la encina, donde un gran número de personas estaban rezando el Rosario, vimos un flash de luz una vez más, y un momento después Nuestra Señora se apareció en la encina.

“Lucía”, dijo Jacinta, “habla”.  La Señora te está hablando”.

“¿Si? Dijo Lucía. Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con todos sus gestos, y le dijo a la Señora “¿Qué queréis de mi?

Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Continúeis rezando el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque sólo el rosario puede obtenerlo.

“Sí, Sí”.

“Yo quisiera preguntarle quién es usted, y si puede hacer un milagro para que todo el mundo sepa a ciencia cierta que se ha aparecido”

Debéis venir aquí todos los meses, y en octubre yo te diré quién soy y lo que quiero. Después haré un milagro para que todos crean.

Por tanto segura de lo que hacía, Lucia comenzó a poner ante la Señora las peticiones que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría a algunos, pero que a otros  no los curaría.

“¿Y el hijo paralítico de Maria da Capelinha?”

No, no será curado ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de rezar el Rosario junto a su familia todos los días.

Otro caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia quien pidió que se la llevaran al cielo.

Dile que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien por qué, y  cuando yo vendré a buscarla.

Haced sacrificios por los pecadores, y decid seguido, especialmente cuando hagais un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.

Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice).

Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a horrorosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:
Habeis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si vosotros haceisn lo que yo os diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando veais una noche que será iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió el 28 de  Enero de  1938) sabreis que ésta,  es la señal que Dios les dará y que indicará que está apunto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y con la persecución de la Iglesia y del Papa.

Para prevenir èsto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado Corazón, y pido que los primeros Sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia,  los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ciertas naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre consagrará a Rusia a Mi Inmaculado Corazón, y esta será convertida y el mundo disfrutará de un período de paz. En Portugal la fe siempre será preservada…(Aquí viene la parte del secreto que aún no ha sido revelado). Recordad,  no debeis decirle esto a nadie más que a Francisco.

Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio: Oh  mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia.

” ¿Hay algo más que quiera de mi?”

No, no quiero nada más de ti hoy.

Luego, al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que finalmente desapareció en la inmensa oscuridad del firmamento.

La posesión del Secreto probó ser una gran prueba para los tres pequeños. La familia, los vecinos, seguidores de la aparición, hasta el clero, trató sin éxito que fuera revelado. Finalmente, en cuanto el día de la aparición se iba acercando,  hasta el gobierno civil que era secular y venenosamente anti clerical, alarmado por el número de personas que estaban interesándose en los eventos de Fátima, atentaron con arrebatárselos y en el proceso exponer a la Iglesia como colaboradora en un fraude.

Aparición de la Virgen de Fátima del 19 de agosto de 1917

Bajo el pretexto de proveerles de su propio automóvil, para que los niños pudieran trasladarse seguramente en medio de la multitud que rodeaba sus hogares, el administrador civil o alcalde del distrito en el que estaba ubicado Fátima, llegó a Aljustrel en la mañana del 13 de agosto. En un intento por conocer “la verdad” sin éxito, el 11 de agosto, Arturo Santos, un apóstata católico  había planeado una trampa que dejaría a los niños bajo su custodia para forzarlos a revelar todo. Como acto de buena fe, se ofreció para llevar a los tres niños y a sus padres a ver al párroco, quien él decía que quería verles, y así se fue a Cova.

En la casa parroquial él abandonó esta artimaña así como a los padres llevándose solo a los niños hasta la sede del distrito en Vila Nova de Ourem, a unas 9 millas de distancia. Aquí el intentó comprarlos, los amenazó de muerte y encerrándolos en una celda con otros “criminales” para hacerlos retractar de su historia. Todo esto,  sin ningún resultado. A pesar de sus edades, su fe en la Señora y su coraje fueron imperturbables.

Mientras tanto en Cova al mediodía del día 13,  los signos externos característicos de la aparición se hicieron visibles para la multitud, la mayor multitud hasta eses momento. Después que estos signos terminaron la multitud se dispersó, sin saber nada de las trampas tendidas por el gobierno.

Sin embargo, el “juicio” de los niños continuó por dos días, preocupando de gran modo a sus familias. Finalmente, en la fiesta de la Asunción el 15 de agosto, el Administrador los condujo de nuevo a Fátima y los dejó a los pies de la rectoría. Aquí fueron vistos por la gente que salía de Misa tratando de sabera por parte del  Tio  Marto dónde habían estado los niños.  Este fue el único esfuerzo serio por parte de la autoridades para  intervenir en el tema de la Señora de Fátima.

En cuanto a los planes de la Señora, fueron retrasados un poco. El Domingo 19 Lucía, su hermano Juan y Francisco estaban pastoreando sus ovejas en un lugar llamado Valinhos. Estaba ubicado al lado de la misma colina opuesta a Aljustrel donde se les apareció el ángel dos veces, un poco más al norte. Alrededor de las 4 de la tarde, presintiendo que la Señora estaba apunto de aparecerce, Lucía trató sin éxito de convencer a su hermano Juan  que fuera a buscar a Jacinta, hasta que le ofreció unos cuantos centavos por ir a buscarla. Mientras ella y Francisco esperaban vieron la luz típica. El momento en el que Jacinta llegó,  se apareció la Señora.

“¿Que queréis de mí?”

Que vengáis otra vez a Cova da Iria el trece del mes que viene,  y continuéis rezando el Rosario todos los días. El último día yo haré un milagro para que todos crean.

“¿Qué debemos hacer con las ofrendas que deja la gente en Cova da Iria?”

Quiero que hagáis dos andas (para cargar estatuas) para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Quiero que tú y Jacinta llevéis una de ellas con otras dos  niñas. Vosotras dos os vestiréis de blanco. Y luego quiero que Francisco, con tres niños ayudándolo, cargue la otra. Los niños también han de vestir de blanco. Lo que quede de las ofrendas ayudará para la construcción de la capilla que ha de ser construida aquí.

Lucía luego preguntó por la curación de algunos enfermos

Algunos los curaré durante este año

(Y mirándolos tristemente, les dijo) Rezad, rezad, rezad mucho. Haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas se van al infierno, porque nadie está dispuesto a ayudarlas con sacrificios.

Habiendo dicho esto se retiró como lo había hecho en otras ocasiones.

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de septiembre de 1917

A pesar del ridículo y las burlas causadas por la prensa secular y atea, más de 30.000 personas se reunieron en Cova para la aparición del mes de septiembre. Ahora mientras se rezaba el Rosario la multitud pudo ver a los niños ponerse de pie mirando hacia el este y ver como la admiración se apoderaba de sus rostros. Un momento mientras los niños esperaban, mirando y mirando, sus ojos en la  encina, su gozo encendido como una llama. Ya habían caído de rodillas de nuevo, y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

“¿Qué queréis de mí?”

Continuad rezando el Rosario, hijitos mios. Hacedlo todos los días para que cese la guerra. En octubre vendrá nuestro Señor, así como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo.

A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que os pongáis las cuerdas de noche para ir a dormir. Sólo ponéroslas durante el día.

“Tengo las peticiones de muchas personas que piden su ayuda. ¿Curaréis vos a una niña que es sordomuda?”

Ella mejorará en un año.

“¿Y las conversiones que algunos han pedido? ¿Las sanaciones de los enfermos?”

Algunas las curaré a otras no. Nuestro Señor no confía en todos ellos, pues algunos, recuperada su salud, volverían a caer en sus vicios y pecados.

“¿Quiere que se construya una capilla pequeña aquí con el dinero que las personas han dejado aquí?”

Sí, deseo que se construya una pequeña capilla en honor de Nuestra Señora del Rosario. Pero diles que se utilice sólo la mitad de ese dinero para esto.  La otra mitad será para las dos andas que ya os comenté y vosotros sabéis.

“Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Podéis por favor hacer un milagro para que ellos crean?”

En Octubre haré un milagro que permitirá que todos crean.

La entrevista se había terminado. La visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora,  le dijo a la multitud: ” Si desean verla, ¡miren! ¡miren!”

Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de octubre de 1917

Durante la noche del 12 al 13 de octubre había llovido toda la noche, empapando el suelo y a los miles de peregrinos que viajaban a Fátima de todas partes. A pie, por carro y en carretas venían, entrando a la zona de Cova por el camino de Fátima – Leiria, que hoy en día todavía pasa frente a la gran plaza de la Basílica. De ahí bajaban hacia el lugar de las apariciones. Hoy en día, en el sitio está la capillita moderna de vidrio, encerrando la primera que se construyó y la estatua de Nuestra Señora del Rosario de Fátima donde estaba la encina.

En cuanto  los niños, lograron llegar a Cova entre las adulaciones y el escepticismo que los había perseguido desde mayo. Cuando llegaron, encontraron críticos que cuestionaban su veracidad y la puntualidad de la Señora, quien había prometido llegar al medio día. Ya habían pasado las doce según la hora oficial del país. Sin embargo cuando el sol había llegado a su apogeo la Señora se apareció como había dicho.

“¿Qué queréis de mí?”

Quiero que se construya una capilla aquí en mi honor. Quiero que continuéis rezando el Rosario todos los días. La guerra pronto terminará, y los soldados regresarán a sus hogares.

“Sí, Sí”

“¿Me dirá su nombre?”

Yo soy la Señora del Rosario

“Tengo muchas peticiones de muchas personas. ¿Se las concederá?”

Algunas serán concedidas, y otras las debo negar. Las personas deben rehacer sus vidas y pedir perdón por sus pecados. No deben de ofender más a nuestro Señor, ¡ya es ofendido demasiado!

” ¿Y eso es todo lo que tiene que pedir?”

No hay nada más.

Mientras la Señora del Rosario se eleva hacia el este, ella tornó las palmas de sus manos hacia el cielo oscuro. Aunque la lluvia había cedido, nubes oscuras continuaban oscureciendo el sol, que de repente se escapa entre ellos y se ve como un suave disco de plata.

“¡Miren el sol!”

En este momento, dos distintas apariciones pudieron ser vistas: el fenómeno del sol presenciado por los 70,000 espectadores y aquella que fue vista solo por los niños. Lucía describe esta aparición en su diario.

Después que la Virgen desapareció en la inmensa distancia del firmamento, vimos a San José y al Niño Jesús que parecían estar bendiciendo el mundo, ya que hacían la señal de la cruz con sus manos. Un poco después cuando esta aparición terminó vi a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, me parece que era lo Dolorosa. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo al igual que lo había hecho San José. Esta aparición también desapareció y vi a Nuestra Señora una vez más, parecida a nuestra Señora del Carmen (Sólo Lucia vio la última aparición, como anticipando su entrada al Carmelo unos años después.

Estas serían las últimas apariciones en Fátima para Jacinta y Francisco. Sin embargo, a Lucía, nuestra Señora se la apareció una séptima vez en 1920, como lo había prometido la Señora el mes de mayo. Esta vez Lucía estaba en oración en la Cova, antes de dejar Fátima para ir a un internado de niñas. La Señora vino para alentarla a que se dedicara enteramente a Dios.

Mientras los niños veían las diversas apariciones de Jesús, María y San José, la multitud presenció un prodigio diferente, el ahora conocido como el famoso milagro del sol. Entre los testigos estaban los siguientes:

Testimonios sobre las apariciones de la Virgen de Fátima

O Seculo (un periódico de Lisboa pro gubernamental y anticlerical)

Desde el camino, donde estaban estacionados los vehículos donde cientos de personas se habían quedado,  ya que no querían pisar el lodo, uno podía ver la gran multitud volverse hacia el sol, que parecía sin nubes y estaba en su apogeo. Parecía una placa de pura plata y se podía mirar fijamente sin incomodar. Pudo haber sido un eclipse que sucedía en ese momento. Pero en ese mismo momento se produjo un gran grito, y uno podía escuchar a los espectadores más cercanos gritar: ¡un milagro! ¡un milagro!

Ante el asombro reflejado en los ojos de los espectadores, cuya semblanza era bíblica ya que todos tenían la cabeza descubierta, y que buscaban ansiosamente algo en el cielo, el sol temblaba, hizo ciertos movimientos repentinos fuera de las leyes cósmicas – el sol “danzaba” de acuerdo a las expresiones típicas de la gente.

Había un viejecito parado en las escaleras de un obús con su rostro girado hacia el sol que recitaba el credo en alta voz. Pregunté quien era y me dijeron que era el señor Joao da Cunha Vasconcelos. Lo vi después dirigiéndose a los que estaban a su alrededor con sus sombreros puestos y les imploró vehementemente que se descubrieran sus cabezas ante tan extraordinario milagro.

Las  gentes  se preguntaban los unos a los otros lo que habían visto. La gran mayoría admitió ver el sol danzando y temblando, otros afirmaban que habían visto el rostro de la Virgen Santísima. Otros juraron que vieron el sol girar como una rueda que se acercaba a la tierra como si fuera a quemarla con sus rayos. Algunos dijeron haber visto cambios de colores sucesivamente.

O Dia (otro diario de Lisboa, edición 17 de octubre de 1917)

“A la una en punto de la tarde, mediodía solar, la lluvia cesó, el cielo de color gris nacarado iluminaba la vasta región árida con una extraña luz. El sol tenía como un velo de gasa transparente que hacía fácil el mirarlo fijamente. El tono grisáceo madre perla en que se tornó en una lámina de plata,  que se rompió cuando las nubes se abrían y el sol de plata envuelto en el mismo velo de luz gris, se vio girar y moverse en el círculo de las nubes abiertas. De todas las bocas se escuchó un gemido y las personas cayeron de rodillas sobre el suelo fangoso…..

La luz se tornó en un azul precioso, como si atravesara el vitral de una catedral y esparció sus rayos sobre las personas que estaban de rodillas con los brazos extendidos. El azul desapareció lentamente y luego la luz pareció traspasar un cristal amarillo. La luz amarilla tiñó los pañuelos blancos, las faldas oscuras de las mujeres. Lo mismo sucedió en los árboles, las piedras y en la sierra. La gente lloraba y oraba con la cabeza descubierta ante la presencia del milagro que habían esperado. Los segundos parecían como horas, así de intensos eran.

Tio Marto (padre de Jacinta y Francisco)

Podíamos mirar con facilidad el sol, que por alguna razón no nos cegaba. Parecía tililar primero en un sentido y luego en otro. Sus rayos se esparcían en muchas direcciones y pintaban todas las cosas en diferentes colores, los árboles, la gente,  el aire y la tierra. Pero lo más extraordinario para mí,  era que el sol no lastimaba nuestros ojos. Todo estaba tranquilo y en silencio y todos miraban hacia arriba. De pronto, pareció que el sol dejó de girar. Luego comenzó a moverse y a danzar en el cielo, hasta que parecía desprenderse de su lugar y caer sobre nosotros. Fue un momento terrible.

María Capelinha (una de las primeras creyentes)

El sol transformó todo de diferentes colores – amarillo, azul y blanco, entonces se sacudió y tembló, parecía una rueda de fuego que caía sobre la gente. Empezaron a gritar “¡nos va a matar a todos!”, otros clamaron a nuestro Señor para que los salvara, ellos recitaban el acto de contrición. Una mujer comenzó a confesar sus pecados en voz alta, diciendo que había hecho esto y aquello….

Cuando al fin el sol dejó de saltar y de moverse todos respiramos aliviados. Aún estábamos vivos, y el milagro predicho por los niños fue visto por todos.

Yo estaba mirando hacia el lugar de las apariciones, esperando serena y fríamente que algo sucediera, y con una curiosidad en descenso porque había pasado mucho tiempo sin que sucediera nada que me llamara la atención. Entonces escuché miles de voces gritar y vi que la multitud de pronto se giró hacia el lado contrario, sus espaldas en contra del sitio donde yo tenía dirigida mi atención y miré al cielo del lado opuesto.

La hora legal era cerca de las 2 de la tarde, alrededor del medio día solar. El sol unos momentos antes había aparecido entre unas nubes, las cuales lo ocultaban y brillaba clara e intensamente. Yo me volví hacia el magneto que parecía atraer todas las miradas y lo vi como un disco con un aro claramente marcado, luminoso y resplandeciente, pero que no hacía daño a los ojos. No estoy de acuerdo con la comparación que he escuchado que han hecho en Fátima y la de un pesado disco plateado.

Era un color más claro, rico y resplandeciente que tenía algo del brillo de una perla. No se parecía en nada a la luna en una noche clara porque al verlo uno y sentirlo parecía un cuerpo vivo. No era una esfera como la luna ni tenía el mismo color o matiz. Parecía como una rueda de cristal hecha de la madre de todas las perlas. No se podía confundir con el sol visto a través de la neblina (porque no había neblina en ese momento), porque no era opaca, difusa ni cubierta con un velo. En Fátima daba luz y calor y aparentaba un claro cofre con un arco bien difundido.

Indulgencia plenaria durante el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima

Para conmemorar el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal, acaecidas en 1917,  el Papa Francisco decidió conceder la indulgencia plenaria durante todo el Año Jubilar, que comenzó el pasado 27 de noviembre y terminará el 26 de noviembre de 2017.

El Santuario de Fátima indicó que para obtener las indulgencias plenarias los fieles deben  cumplir primero con las condiciones habituales: confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Las indulgencias plenarias podrán obtenerse durante todo el Año Jubilar y para ello existen tres maneras, detalladas a continuación:

1.- Peregrinar al Santuario

La primera forma es que “los fieles vengan en peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal y que allí participen en una celebración u oración dedicada a la Virgen”.

Además de ello, los fieles deben rezar el Padrenuestro, recitar el Credo e invocar a la Madre de Dios.

2.- Ante cualquier imagen de la Virgen de Fátima en todo el mundo

La segunda forma se aplica para “los fieles piadosos que visitan con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o local adecuado en los días de los aniversarios de las apariciones, el 13 de cada mes desde mayo hasta octubre (de 2017), y participen allí devotamente en alguna celebración u oración en honor de la Virgen María”.

Esta visita a la imagen de la Virgen no tiene que ser necesariamente solo en Fátima o exclusivamente en Portugal, sino que puede ser en cualquier parte del mundo.

También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a la Virgen de Fátima.

3.- Ancianos y enfermos

La tercera forma de obtener una indulgencia se aplica a las personas que por la edad, enfermedad u otra causa grave estén impedidos de movilizarse.

Pueden rezar ante una imagen de la Virgen de Fátima y deben unirse espiritualmente en las celebraciones jubilares en los días de las apariciones, los días 13 de cada mes, entre mayo y octubre de 2017.

Además tienen que ofrecer con confianza a Dios misericordioso, a través de María, sus oraciones y dolores o los sacrificios de su propia vida.

Fuente: Web católico de Javier

 

“Cáritas es una manera de ser y estar con los hombres”

La familia de Cáritas Madrid se reunió este jueves por la tarde en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para celebrar junto al cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, una Eucaristía para preparar el Día de Caridad.

misacaritas1Ante un millar de personas, entre voluntarios, trabajadores y personas atendidas por Cáritas, el purpurado incidió en la necesidad de salir a los caminos de los hombres.

«Ponte en camino. El Señor nos pide que nos acerquemos a los hombres, a los que más lo necesitan. ¿Nos sentimos enviados por el Señor? ¡Sintámonos enviados! El Señor nos pide que demos de comer a los hombres. Si nos alimentamos de Jesucristo, tenemos que dar a Jesucristo».

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«Cáritas es una manera de ser y estar con los hombres. El Señor bendiga a Cáritas. Y que la Virgen nos acompañe en este camino».

Testimonios agradecidos

En el ofertorio, además del vino y el pan, se ofreció la Memoria de Cáritas Madrid y diversos productos elaborados por algunas de las personas que están en los distintos proyectos de exclusión de Cáritas Madrid.

Al final de la Eucaristía se pudo escuchar el testimonio de Meri, religiosa de la Congregación Amistad Misionera de Cristo Obrero, que colabora en el proyecto de personas sin hogar de Cáritas Madrid, CEDIA, y en la casa de acogida San Agustín y Santa Mónica, donde ha descubierto la grandeza de todo ser humano y ha recibido más que lo ha dado.

También compartieron su testimonio Simona y su marido, Nicolai, quienes hace un año se quedaron en la calle, por la pérdida del trabajo. Llegaron al centro de información y acogida, CEDIA, para personas sin hogar, donde un equipo de voluntarios y educadores los apoyaron y orientaron en el peor momento de sus vidas. Posteriormente estuvieron en la casa de acogida San Agustín y Santa Mónica y llegaron al centro residencial JMJ 2011, donde ya pudieron vivir de nuevo juntos, donde recibieron apoyo y afecto por parte de todo el equipo, dándoles fuerza para seguir luchando.

Ahora viven en un piso social de Cáritas, mientras ella ha conseguido unas horas de trabajo, el marido se está formando para encontrar un trabajo y salir adelante. Quisieron dar las gracias a todos, a Cáritas, a sus trabajadores, a las religiosas y a los voluntarios: «No desfallezcáis en vuestros esfuerzos, en el trabajo que realizáis y en el afecto que ponéis cada día para ayudar a las personas como ustedes. Cada día doy gracias a Dios por haberles conocido. Para nosotros sois nuestra familia por siempre».

Como conclusión de la celebración, el cardenal Osoro bendijo a todos los presentes y realizó el envío como agentes de la caridad en la diócesis a todas las personas que colaboran en la acción de la caridad.

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Fuente: Arzobispado