Y tú ante los males de nuestro tiempo, ¿eres indiferente?

Habrás oído decir que la indiferencia es el mayor mal de nuestros tiempos. El video que os proponemos a continuación ilustra muy bien esta realidad, ya que nos invita a despertar de la apatía que la sociedad ha desarrollado frente a una de las realidades más crueles e injustas de nuestro tiempo, recordándonos del comportamiento del hombre frente a otro de los eventos más tristes de la historia de la humanidad.peoplecellphones-960x623

Recordar el Holocausto es motivo de que se nos encoja el corazón: recordar cuánto sufrieron los prisioneros de los campos de concentración, del mal del que fue capaz el hombre, de cómo “se hicieron los de la vista gorda” las personas que no querían enterarse de lo que estaba pasando, etc. Un evento que la humanidad juzgó por lamentable. Gracias a Dios fuimos capaces de condenar a nivel mundial un error tan espeluznante, pero es una pena que tuvieran que morir tantos.

Este potente corto «Sing a Litttle Louder» (basado en una historia real) nos invita a reflexionar sobre la situación ante la que estamos: la humanidad nuevamente ha vuelto a considerar bueno asesinar a personas inocentes. En efecto, estamos viviendo un segundo Holocausto. ¿Cantaremos más alto?

La neutralidad, para aquellos que sufren el aborto, es condena segura.

¿Cuántos más niños tendrán que morir antes de que nuestra sociedad condene el aborto? En años puede no sonar a muchos (¿10 años? ¿Tal vez 15?) Pero, ¿y en vidas? ¿60 millones de niños? ¿100?

Ante una situación como esta hay solo dos opciones: denunciar el aborto o no denunciar el aborto, esto es, atender a los llamados de auxilio de los prisioneros o cantar para que no se les escuche. Y sí, repito que son las únicas opciones. No nos dejemos engañar por falsas ideas de “neutralidad” que lo que buscan es tranquilizar la conciencia; en temas como estos cuando lo que se pondera es la vida (y en especial la vida de un inocente incapaz de defenderse) no existe la neutralidad. Recordemos aquel pasaje bíblico en donde Poncio Pilato, ante la pregunta de si matar al Señor Jesús, se lava las manos. La neutralidad, para aquellos que no tienen voz, es condena segura.

abortoSeamos voz para aquellos que no la tienen. Hoy en día existen muchas asociaciones pro-vida que buscan, desde distintos ámbitos, fomentar la cultura de la vida: buscan dar recursos a las madres que no tienen dinero suficiente para mantener a sus hijos que van a nacer, buscan cambiar las leyes para que el matar a bebés no sea un negocio para nadie, buscan promover el testimonio de madres jóvenes que continuaron su embarazo, etc. Seguro que en la iglesia a la que vas a misa hay algún proyecto al que te puedes unir, cuyo fin sea facilitar que los niños nazcan. Invirtamos nuestro tiempo primero en intentar cambiar esta situación, en lugar de tener que buscar más tarde una justificación a nuestra indiferencia.

En todo caso, no es solo participando de este tipo de proyectos que se puede ser voz para estos niños. Te invito a que no dejes de denunciarlo en tu día a día. No pierdas la oportunidad de despertar a una persona más de la anestesia general en la cual parece estar sumergida toda la sociedad. El mencionar que el aborto no soluciona ningún problema pero arrebata una vida nunca estará de más. Es como el niño del video que al salir a conocer quiénes pedían ayuda, lleva detrás a su madre sin quererlo. Decirlo con la naturalidad que conlleva el decir las cosas más claras: a los bebés se los cuida, no se los mata. No dejes pasar ninguna oportunidad para acabar con este segundo Holocausto, así como intentamos no perder a ninguno más de estos pequeños.

Este video también puede ser útil para discutir sobre nuestra responsabilidad frente al mal y nuestra conciencia moral, no solo en temas como el aborto, sino de otros males de nuestro tiempo.

Fuente: Catholic link

VIDEO EN VIVO: Reza desde la gruta de la Virgen Lourdes en Francia

Gracias a la tecnología, se puede visitar por video en directo y tiempo real el famoso santuario de la Virgen de Lourdes donde la Virgen María se apareció a la humilde Santa Bernardita Soubirous en 1858.

En Lourdes, la Virgen apareció con un largo rosario blanco y dorado en sus manos y se presentó con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

En una de sus apariciones, Nuestra Señora pidió a Bernardita rogar por los pecadores y exclamó: “¡Penitencia, penitencia, penitencia!… ¡Ruega a Dios por los pecadores! ¡Besa la tierra en penitencia por los pecadores!”.

Historia de las apariciones

Era el 11 de febrero de 1858, Bernardita, su hermana y otra niña iban al campo a buscar leña seca, cerca de una gruta. Para llegar ahí tenían que pasar por un arroyo. Bernardita no se atrevía a adentrarse porque el agua estaba muy fría. Se empezó a sacar los zapatos, cuando de pronto escuchó un ruido fuerte proveniente de la gruta.

Se acercó a ver lo que pasaba y ahí en ese lugar sucio y pedregoso se apareció la Virgen envuelta en una luz resplandeciente, con un traje blanco de un tejido desconocido, una cinta azul en la cintura, un largo velo blanco y dos rosas doradas brillantes que le cubrían la parte superior de los pies.

En sus manos, la Virgen tenía un largo rosario blanco y dorado. Entonces juntas empezaron a rezarlo. El domingo 14 de febrero, Bernardita en la gruta reza la primera decena del Rosario y María se aparece. La niña le tira agua bendita para asegurarse que no era una obra del enemigo. La Virgen sonríe, se persigna con el Rosario y lo rezan juntas.

El jueves 18 la Virgen le pide a Bernardita que regrese por quince días seguidos a la gruta. Ante la aceptación y promesa de la pequeña, María le promete hacerla dichosa en el otro mundo. Los rumores de las apariciones se empiezan a esparcir.

El 19 de febrero, Bernardita va con una vela bendecida y encendida. Es así que nace la costumbre de ir con velas para encenderlas ante la gruta. El 20 de febrero la Señora le enseña una oración personal a Bernardita.

El domingo 21, la niña ve que la Virgen estaba triste, le pregunta lo que le pasa y Nuestra Señora le contesta: “Rogad por los pecadores”. Para ese entonces las autoridades amenazaron a Bernardita con llevarla a la cárcel y todos se burlaban de ella.

El 22 la Virgen no se le apareció, pero la niña no perdía la esperanza de volverla a ver. El 23, diez mil personas fueron a ver lo que pasaba. La Virgen se le apareció a Bernardita y le pidió que les diga a los sacerdotes que eleven ahí un santuario, a donde se debe ir en procesión.

La niña va y le comenta al sacerdote, quien a cambio pide el nombre de la Señora y que florezca un rosal silvestre sobre el que se aparecía.

El 24 la pequeña le cuenta todo a la Virgen, quien sólo sonrió. Luego María la mandó a rogar por los pecadores y exclamó: “¡Penitencia, penitencia, penitencia!… ¡Ruega a Dios por los pecadores! ¡Besa la tierra en penitencia por los pecadores!” Bernardita así lo hizo y pedía a los espectadores que hicieran lo mismo.

El 25 de febrero la Virgen le ordena beber, lavarse los pies en la fuente y comer hierba. Bernardita, por indicación de María, escarbó en el fondo de la gruta y empezó a brotar agua.

El 26 se produce el primer milagro. El pobre obrero Bourriete, que tenía el ojo izquierdo mutilado, ora y se frota el ojo con el agua de la fuente. Luego empezó a gritar de alegría y fue recuperando la vista. El 27 la Virgen permanece en silencio, Bernardita bebe del agua del manantial y hace los gestos recurrentes de penitencia.

El 28 Bernardita va a la gruta, pero luego es llevada a casa el juez y amenazada de ir a cárcel. En la noche, Catalina Latapie moja su brazo dislocado y el brazo y la mano recuperan su agilidad, produciéndose un segundo milagro.

El martes 2 de marzo, Bernardita va de nuevo donde el párroco a recordarle el pedido de la Virgen.

El 3 de marzo la pequeña le pregunta de nuevo su nombre y la Virgen sonríe. Ese día, una madre en su desesperación lleva en brazos a su hijo que estaba medio muerto. Lo metió 15 minutos en el agua fría y al llegar a casa notó mejoría en la respiración del niño.

Al día siguiente, el niño estaba lleno de vida y completamente sano. Los médicos certificaron el milagro y lo llamaron de primer orden.

El 4 de marzo, al finalizar los quince días, la visión permanece silenciosa. El 25 de ese mes la Virgen se apareció a Bernardita, levantó los ojos hacia el cielo, juntó en signo de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo y le dijo a Bernardita: “Soy la Inmaculada Concepción”.

La pequeña salió corriendo a decirle al párroco, quien se conmueve ante la revelación del nombre ya que cuatro años antes se había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción.

El 7 de abril, Bernardita en la gruta y en éxtasis pone su mano sobre la llama de la vela encendida que había llevado y no se quema. Después de la aparición, su mano estaba ilesa y fue comprobado por un médico que presenció el hecho.

El 16 de julio se produjo la última aparición. Bernardita  sintió la misteriosa llamada y al llegar a la gruta se dio cuenta que estaba vallada y no se podía pasar. Se dirige entonces al otro lado, enfrente de la gruta, y vio a la Madre de Dios. ”Me pareció que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan bella!”, dijo Santa Bernardita.

Algunos consideran que la aparición de Nuestra Señora de Lourdes es un agradecimiento del cielo por el dogma de la Inmaculada Concepción y es exaltación a las virtudes de pobreza y humildad como la que tenía la pequeña Bernardita.

Asimismo afirman que es un llamado a aceptar la cruz para ser felices en la otra vida, la importancia de la oración, del Santo Rosario y la penitencia con una misericordia infinita por los pecadores y los enfermos.

El agua de la gruta ha sido analizada por químicos, quienes señalaron que es un agua virgen, pura, natural, sin propiedad térmica y en la que ninguna bacteria sobrevive. Para los cristianos esto es símbolo de la Inmaculada Concepción.

Fuente: ACI Prensa

Un cirujano “operó” a un peluche para que su paciente no se sintiera solo

Medicina con corazón

No será la Doctora Juguetes, pero su actitud se asemeja bastante. El cirujano Travis Groth se volvió una celebridad viral luego de que circulara una foto donde aparece “operando” al juguete de un chico de nueve años, que era su paciente, para que no se sintiera solo luego de la intervención quirúrgica a la que fue sometido. Es que Ryan había traído a su muñeco a cada una de las 8 intervenciones quirúrgicas a las que el niño había sido sometido.

Un cirujano “operó” a un peluche para que su paciente no se sintiera solo
Facebook Children’s Hospital of Wisconsin

El curioso hecho ocurrió en Hospital de Niños de Wiscosin, Estados Unidos, donde el doctor Groth trabaja como cirujano. En la foto, que se volvió viral en Facebook, se puede ver al médico “interviniendo” a Mike Wazowski, el juguete preferido del nene.

Cuando Ryan se despertó un poco más tarde, vio a su mejor amigo de todo el mundo sentado en la cama junto a él, vendado al igual que lo era.

La noticia no sorprendió a las autoridades del hospital: los médicos de esa institución tienen instrucciones de hacer todo lo posible para que los menores estén cómodos. Y en este caso, parece que el cirujano cumplió con su cometido. Una enfermera pediátrica de 12 años de antigûedad contó que lo hacen todo el tiempo: “animal de peluche favorito de un niño,manta, juguete o una muñeca puede ser su mejor amigo y una red de seguridad”.

Cuando la empatía se vuelve gesto de cercanía y de ternura.

“Los niños tienen que seguir siendo niños”

Los médicos del Hospital de Niños de Wisconsin entienden que los niños no son simplemente adultos pequeños y merecen ser cuidados adaptando específicamente para las necesidades únicas de un cuerpo pequeño, en crecimiento. Y significa el respeto de su infancia y tratarlos como niños.

Más allá de todos los esfuerzos para hacer que el ambiente sea cuidado, cómodo y lo más suave posible, los hospitales pueden dar miedo. Lo desconocido puede ser aterrador. Los niños son niños y se asustan. Y cuando lo hacen, a menudo se aferran a lo que mejor saben, a lo que siempre les ha traído seguridad – su animal de peluche favorito.

Fuente: Hospital de Wisconsin y Diario de Cuyo

Artículo originalmente publicado por Oleada Joven

Silencio, ¿una película sobre los jesuitas?

Caben muchos acercamientos a la película de Scorsese. Los críticos cinematográficos comparan «Silencio» con el resto de sus películas. Trazan paralelismos, indagan en su biografía y sus raíces católicas. La aplauden o la rechazan. Quizás los historiadores se planteen su grado de exactitud, o los sociólogos extraigan de ella reflexiones sobre el choque de culturas y las relaciones entre Oriente y Occidente. También los creyentes hablan sobre Silencio, y se asoman a las encrucijadas existenciales que plantea.

Porque Silencio no es tan solo un relato sobre la persecución de los cristianos en Japón en el siglo XVI. Es una película sobre la fe, y sobre la libertad religiosa. Sobre el choque que se genera cuando las creencias nacidas en culturas diferentes se encuentran. Sobre las grandes preguntas del ser humano. Sobre nuestra perplejidad y sufrimiento ante el silencio de Dios. ¿Dónde está cuando sus hijos son perseguidos, amenazados, o asesinados? ¿Dónde está cuando mueren en las fronteras o en los mares? ¿Dónde está en la hora de la injusticia, del asesinato, del calvario? Es también una reflexión sobre los límites del testimonio. Y sobre la apostasía. Sobre la fortaleza, y más aún sobre la debilidad. Sobre la responsabilidad que tenemos en lo que les ocurra a otros por nuestras decisiones o nuestras omisiones. Sobre el sentido del martirio. Para todos estos temas, Silencio es una historia que no da respuestas, sino que suscita infinidad de preguntas.399608-944-472

Pues bien, entre tantas capas de una película compleja y ambiciosa, Silencio es también una historia de jesuitas –aunque no solo- que permite intuir algo de ellos.

Silencio es también una historia de jesuitas

La historia de los jesuitas es la historia de hombres consagrados a la misión de compartir el evangelio. Hombres humildes y soberbios (a veces las dos cosas). Con luces y sombras. Con ambigüedades e inconsistencias, pero también con pasión. Con fuego dentro, encendido en la hoguera de los ejercicios espirituales. Un fuego que a veces es llama y otras rescoldo, pero ahí está. Una historia de fe hecha proyecto. Y traducida a diversos idiomas y culturas. Desde los inicios mismos de la orden. Desde que Francisco Javier marchase de Portugal rumbo a las Indias, y después a Japón. Y, como él, otros muchos, primero cientos, luego miles, cruzando fronteras, tratando de llegar hasta los confines del mundo para compartir un mensaje, una mirada a la realidad, y un nombre, el de Jesús, como amigo y maestro.

La historia de los jesuitas es también una historia de fe; de una fe recibida, interiorizada, compartida, peleada en una batalla contra el mundo, contra la duda, contra la propia inseguridad, en escenarios que a veces la alientan, pero otras la intentan apagar. Es, además, una historia de búsqueda, la búsqueda de la voluntad de Dios en diversas circunstancias. ¿Qué ha de hacerse cuando no ves un camino claro? ¿Qué es lo mejor, lo más justo, lo más digno, lo más necesario? ¿Qué quiere Dios, el martirio de Garupe o la rendición de Rodrígues?

4692Silencio es una historia sobre jesuitas, que permite entender mucho de ese espíritu misionero, de esa historia evangelizadora y de las batallas existenciales de hombres que quieren ser héroes pero también se saben con los pies de barro. Pero al mismo tiempo es una historia que los trasciende, o los coloca donde deben estar, en el mismo espacio de tantas personas de todas las épocas que pelean, cada día, por acertar, por encontrar a Dios y por vivir de acuerdo a lo que creen que debe ser el mundo.

Ad Maiorem Dei Gloriam

La Opinión de Juan Orellana

Silencio es la última película de Martin Scorsese, y se enmarca en la persecución de los católicos en el Japón del siglo XVII. Aunque fue concebida hace muchos años, llega a las pantallas en un momento histórico en el que los cristianos vuelven a ser brutalmente perseguidos y a menudo cruelmente asesinados. Sin embargo, esa afortunada coincidencia, que permite poner sobre el tapete de la opinión pública tan sangrante realidad, no estaba en las intenciones originales de Scorsese, que es de sus inquietudes personales de creyente de lo que realmente deseaba hablar.

El cineasta parte de un texto que no es suyo, pero del que se apropia de forma muy personal: la novela histórica Silencio del católico japonés Shusaku Endo, publicada en 1966, sobre los misioneros jesuitas portugueses en el Japón del siglo XVII. La trama principal del guion basado en la novela gira en torno al personaje real de Cristóbal Ferreira –interpretado en el film por Liam Neeson-, un jesuita que apostató públicamente tras sufrir torturas y ver morir a sus compañeros. La novela –y la película- siguen los pasos del padre Rodrigues –Andrew Gardfield-, un joven jesuita que viaja desde Macao a Japón para averiguar qué ha sido de Ferreira, su antiguo maestro, y ayudar a los cristianos perseguidos. Unos cristianos sencillos, muy pobres, desclasados, desprotegidos, y a los que sólo se les pedía un gesto muy sencillo: que pisaran un cuadrito de estaño en el que se representaba a Cristo. Por no hacer eso se les torturaba hasta morir.

Martin Scorsese leyó la novela en 1989 por indicación del arzobispo episcopaliano Paul Moore de Nueva York, y enseguida compró los derechos para adaptarla al cine. Durante veinticinco años esa historia, y sobre todo los problemas morales, antropológicos y teológicos que plantea, han estado madurando en la cabeza del cineasta, para llegar a la forma definitiva que ahora vemos en las pantallas. Scorsese ha querido plasmar en esta adaptación cuestiones que le preocupaban desde joven, cuando ingresó en el seminario menor –donde permaneció un año-, o cuando vio por primera vez Diario de un cura rural de Bresson. Para el director de origen siciliano, según ha declarado a La civiltá Catolica, la gran cuestión de la vida es la Gracia. El hombre es débil, se hace continuamente daño a sí mismo, traiciona… Pero con independencia de la gravedad del pecado, la Gracia sucede; aunque se la rechace, ahí está, sucede. Estas son las convicciones de Scorsese, y por eso su personaje favorito del film es Kichijiro (interpretado por Yôsuke Kubozuka), un hombre que cae en lo más bajo continuamente y que siempre vuelve a implorar el perdón y a recomenzar para caer nuevamente y volver a suplicar misericordia. Por tanto, aunque estamos ante un film de apostasías, de tortura y sufrimiento, Silencio es, paradójicamente, una película de esperanza, en la que la última palabra la tiene el perdón y la Gracia. Son los dos pilares de la obra: la fragilidad humana –tema que trató polémicamente en La última tentación de Cristo- y la Gracia, que siempre está ahí, a pesar de todo, disponible, inagotable –y que según Scorsese es la clave de Toro salvaje-.

Desde un punto de vista formal, Silencio –rodado en Taiwan- es un largometraje “crepuscular”, muy largo (160 minutos), lento, muy contemplativo… incluso lánguido a pesar de lo impactante e hiriente de muchas imágenes. El tono de la puesta en escena refleja la miseria silenciosa a la que eran obligados a vivir tantos japoneses cristianos perseguidos que podían ser asesinados en cualquier momento. En el ámbito de ese estilo está la principal crítica que se puede hacer de este monumental film. Por ejemplo, en el contexto de las muy interesantes conversaciones entre el padre Rodrigues y el inquisidor japonés y su ayudante, que tratan de minar la fe del jesuita por la vía del discurso “racional”, parece que la argumentación del jesuita no está a la altura apologética que se podría esperar, y no trasmite con fuerza la novedad del anuncio cristiano. Esa carencia del brillo de una fe viva es característica de casi todos los cristianos que salen en el film, y que no contagian ninguna alegría o esperanza presente. Más bien parecen tristes resignados con la desgracia que les ha tocado en suerte, y no brilla en ellos el consuelo del Resucitado. Al público le puede sorprender si lo compara con algunos testimonios actuales que nos llegan del mundo árabe, en los que se percibe la fuera espiritual de la fe. En cualquier caso, Andrew Garfield recibió antes del rodaje una preparación del jesuita James Martin, quien le introdujo en los Ejercicios ignacianos, y transmite con fuerza la fuerza espiritual de un personaje en crisis.

Sin duda, estamos ante una película importante, que precisa más de un visionado para comprender con hondura las reflexiones profundas de un cineasta que nunca estaría en las listas convencionales de “directores católicos”, y cuya aproximación a la fe es, sin embargo, cualquier cosa menos superficial.

 Fuente: Jesuitas.es y Pantalla90

El padre Gaetan quiere llevar a muchos jóvenes de África a la universidad

La historia del padre Gaetan

El sacerdote africano Gaetan Kabasha no olvida sus raíces, en la convulsionada República de Ruanda, y aunque realiza su labor ministerial en España, ha creado la Asociación Universidad para el Desarrollo para que jóvenes en África puedan acceder a estudios universitarios.

P. Gaetan Kabasha. Foto: Captura de video / YouTube.
P. Gaetan Kabasha. Foto: Captura de video / YouTube.
 El hoy capellán del Hospital Clínico San Carlos de Madrid (España), tiene 44 años y nació en Ruanda, país del que tuvo que huir por el genocidio para refugiarse en la República Centroafricana. Allí descubrió su vocación al sacerdocio.
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En el Vaticano El obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, con el Papa Francisco
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El obispo de Bangassou Juan José Aguirre.

El P. Kabasha cursó el seminario en España, ya que el Obispo de Bangassou (República Centroafricana), diócesis en la que está incardinado, es el misionero comboniano español Juan José Aguirre.

Cuando llegó a España, recuerda, “no sabía absolutamente nada de español. Era la primera vez que estaba en Europa y todo era distinto. Nunca había visto un metro”.

ca1Años después, volvió a Bangassou, donde se ordenó sacerdote en noviembre de 2003. Ahí trabajó durante años en una zona rural en la selva, donde “no había ni teléfono fijo y pasé ocho años sin leer ningún periódico porque no llegaban”.

Entrevistado por ACI Prensa, el P. Kabasha asegura que “lo que constituye la fe nada tiene que ver con los medios materiales, de hecho estos a veces la obstaculizan. Son gente de muchísima fe, tienen una confianza en Dios total, aunque a veces tienen costumbres que pueden estar alejadas del cristianismo, sin darse cuenta”.

Regresó a España en 2011 para hacer la tesis doctoral en Filosofía y poder servir mejor a su pueblo. Y mientras la termina, trabaja como capellán en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, donde ayuda a los enfermos a encontrarse con Dios.

“Es una pastoral diferente porque no es una parroquia con una comunidad fija. Son fieles pasajeros, pero sin duda es una labor de consolación y santificación”, asegura.

El sacerdote señala que lleva la “consolación por acompañar a los enfermos que lo necesitan, a veces están con angustia, cansancio o no saben cómo llevar la enfermedad. Y también la santificación que está en los sacramentos porque la consolación también lo pueden hacer los voluntarios”.

Gaetan Kabasha confesando
Gaetan Kabasha confesando

El P. Kabasha explica que se trata de un hospital grande en el que puede haber más de 900 pacientes y en el que hay situaciones muy diferentes, pero recuerda el caso de una joven que estuvo durante un año hospitalizada y que “no sabíamos si saldría adelante”.

La joven cambió de hospital y tres años después su madre contactó al P. Gaetan. “Me llamó para decirme que ahora su hija se había recuperado y que estaba segura que era por todo lo que rezamos por ella durante el tiempo que estuvo en el San Carlos”.

“Hay veces que no vemos los frutos, porque no condicionamos la gracia de Dios sino que esta viene cuando quiere porque Dios tiene sus tiempos y sus modos. A veces veremos los resultados y otras no”, asegura.

Volver a África

El P. Gaetán sabe que cuando termine la tesis volverá a África, pero durante el tiempo que lleva en España no se ha olvidado de sus orígenes y de las necesidades de su pueblo. Por eso ha fundado una asociación para ayudar al desarrollo cultural y espiritual de los jóvenes universitarios africanos y así mejorar desde dentro el continente.

“Hay organizaciones muy volcadas en la educación primaria, pero hay muy pocos estudiantes que siguen en secundaria y son una amplia minoría quienes llegan a formación superior. Esto es necesario cambiarlo pero para ello hay que entender los mecanismos de la sociedad africana”, explica el sacerdote que puso en marcha el proyecto de financiación de estudios a universitarios.

“Hay muchos chicos que valen y que no pueden estudiar por falta de recursos. Desde España buscamos fondos para financiar sus estudios universitarios pero la originalidad del proyecto es que se comprometen a que cuando finalicen los estudios, ellos financiarán a los estudiantes que vengan después”.

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Un modo de crear autodesarrollo, porque según afirma el sacerdote “no podemos depender siempre de Europa, sino que el desarrollo venga desde dentro”.

La elección de los estudiantes y el control del dinero de las becas se realiza a través de la arquidiócesis de Kigali, en Ruanda. “Los trabajadores de la diócesis, el Obispo, están en el terreno y saben qué hace falta y qué chico puede seguir estudiando. Es la manera más práctica de hacer un seguimiento al dinero que se envía, para tener la certeza de que termina en donde tiene que terminar”, insiste.

La Asociación Universidad para el Desarrollo está oficialmente reconocida por el Ministerio del Interior español y actualmente financia a 7 estudiantes. Pero el reto es llegar, cada año a muchos más.

Más información sobre el proyecto y cómo colaborar AQUÍ.

Fuente: ACI y blog del P. Gaetan