VERDAD Y LIBERTAD (Parte final)

Ayer comenzábamos viendo la tercera parte

 SÍNTESIS DE LOS RESULTADOS

“Tal vez, al cabo de dos siglos de funcionamiento útil y sin dificultades, el motor a vapor desgastado de la Ilustración se ha detenido a la vista de nosotros y con nuestra cooperación. Y el vapor simplemente se está evaporando”. Este es el diagnóstico pesimista de Szczypiorski, que habíamos citado al comienzo como invitación a la reflexión. Ahora diría que la operación de esta máquina nunca careció de dificultades. Pensemos tan sólo en las dos guerras mundiales de nuestro siglo y en las dictaduras que hemos presenciado. También quisiera agregar que de ninguna manera es necesario dejar fuera de servicio la totalidad del legado de la Ilustración como tal y declararlo motor a vapor desgastado. Sin embargo, lo que realmente necesitamos es corregir el curso en tres puntos esenciales, con los cuales me gustaría resumir el resultado de mis reflexiones.

  1. Es falsa una comprensión de la libertad que tiende a considerar la liberación exclusivamente como la anulación cada vez más total de las normas y una permanente ampliación de las libertades individuales hasta el punto de llegar a la emancipación completa de todo orden. Para no conducir al engaño y la autodestrucción, la libertad debe estar orientada por la verdad, es decir, por lo que realmente somos, y debe corresponder con nuestro ser. Puesto que la esencia del hombre consiste en ser a partir de; ser con y ser para, la libertad humana sólo puede existir en la comunión ordenada de las libertades. Por consiguiente, el derecho no es la antítesis de la libertad, sino una condición, ciertamente un elemento constitutivo de la misma. La liberación no reside en la abolición gradual del derecho y las normas, sino en la purificación de nosotros mismos y las normas de tal manera que sea posible la coexistencia humana de las libertades.
  2. De la verdad de nuestro ser esencial se desprende otro punto: nunca existirá un estado absolutamente ideal de cosas en nuestra historia humana y jamás se establecerá el orden definitivo de la libertad. El hombre está siempre en camino y es siempre finito. Szczypiorski, considerando la notoria injusticia del orden socialista y todos los problemas del orden liberal, ha planteado la siguiente interrogante llena de dudas: ¿y si no existe en absoluto un orden justo? Nuestra respuesta debe ser ahora que en realidad nunca existirá un orden de cosas absolutamente ideal, justo en todoslos aspectos[12]. Quienquiera afirme que existirá no está diciendo la verdad. La fe en el progreso no es falsa en todo sentido. Lo falso, sin embargo, es el mito del mundo liberado del futuro, en el cual todo será diferente y bueno. Podemos establecer únicamente órdenes relativos, que sólo pueden ser justos en forma relativa; pero debemos esforzarnos precisamente por lograr esta aproximación lo mejor posible a lo que es realmente justo. Nada más, ninguna escatología histórica interna, libera, sino engaña y por lo tanto esclaviza. Por este motivo, el esplendor mítico atribuido a conceptos tales como el cambio y la revolución debe desmitificarse. El cambio no es un bien en sí mismo. Su carácter positivo o negativo depende de su contenido concreto y de los puntos de referencia. La opinión de acuerdo con la cual la tarea esencial en la lucha por la libertad consiste en transformar el mundo es -repito- un mito. La historia siempre tendrá sus vicisitudes. En cuanto a la naturaleza ética del hombre en sentido estricto, las cosas no se dan en línea recta, sino en ciclos. Nuestra tarea consiste en todo momento en luchar en el presente por la constitución relativamente mejor de la existencia en común del hombre y al hacerlo preservar el bien ya obtenido, superar los males existentes y resistir la irrupción de las fuerzas destructivas.
  3. Debemos también descartar de una vez y para siempre el sueño de la autonomía absoluta y la autosuficiencia de la razón. La razón humana necesita el apoyo de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad y por cierto examinará críticamente cada una de ellas. La patología de la religión es la enfermedad más peligrosa de la mente humana. Existe en las religiones, pero también se da precisamente cuando la religión como tal es rechazada y se asigna una condición de valor absoluto a bienes relativos. Los sistemas ateístas de la modernidad constituyen los ejemplos más aterradores de una pasión religiosa desprovista de su propia naturaleza, enfermedad de la mente humana que amenaza la vida. Cuando se niega a Dios, en vez de construir la libertad, se la despoja de sus bases y por consiguiente se distorsiona[13]. Cuando se descartan enteramente las tradiciones religiosas más puras y profundas, el hombre se aparta de su verdad, vive contra sí mismo y pierde la libertad. Ni siquiera la ética filosófica puede ser incondicionalmente autónoma. No puede renunciar a la idea de Dios ni a la idea de una verdad del ser con carácter ético[14]. Si no existe una verdad acerca del hombre, éste carece de libertad. Sólo la verdad nos hace libres.
Notas al pie de página

[1] R. Marx y F. Engels, Weerke, 39vols. (Berlín, 1961-71), 3;33. [2] Cito a Szczypiorski del manuscrito suministrado durante las Semanas Universitarias. [3] Cf. Sobre todo lo que sigue, por ejemplo, en E. Lohese, Martin Luther (München, 1981), 60f, 86ff. [4] Cf. D. Wyss, “Zur Psychologie un Psychopathiologie der Verblendung; J.J. Rousseau und M. Bobespierre, die Begründer des Sozialismus”, en Jahers-und Tagungsbericht der Górres-Gesellschaft (1992), 33-45; R. Spaemann, Rousseau-Bürger ohneVaterland, Von der Polis zur Natur (München, 1980). [5] Cf. P. Köster, Der sterbende Gott, Nietzsches Entwurf übermenschlicher Gröss (Meisenheim, 1972); R. Löw, Nietzsche Sophist und Erzieher (Weinheim, 1984). [6] Cf. T. Steinbüchel, Die philosophische Grundieguing der christlichen Sittenlehre I, 1 (Düsseldorf, 1947), 118-32. [7] Cf. J. Pieper, “Kreatürlichkeit und menschliche Natur. Ammerkungen zum philosophischen Ansatz von J.P. Sartre”, en Uber die Schwierigkeit, heute zu glauben (München, 1974), 304-21. [8] “Derecho” es traducción del alemán “Recht”. Aún cuando el término “Recht” puede significar “derecho” en en el sentido de “derechos humanos”, también puede usarse para aludir a la “ley”, con la connotación más o menos explícita de “justo orden”, “orden que abarca lo que es justo”. Ratzinger usa en este último sentido el término “Recht” tanto aquí como más adelante. En este contexto, “Recht” se ha traducido como “derecho” o (con menos frecuencia) como “justo orden” o una variante del mismo (Nota del traductor). [9] H. Jonas, das Prinzip Verantwortung (Frankfurt a.M., 1979). [10] J. Fest, Die schwierige Freiheit (Berlín, 1993), esp. 47-81. Fest resume sus observaciones sobre el “carácter distintivo planetario” de Küng: “Mientras más lejos llegan los acuerdos, a los cuales no se puede llegar sin concesiones, en mayor medida las normas éticas adquieren mayor elasticidad y por consiguiente resultan ser más débiles, hasta el punto que el proyecto termina siendo una mera corroboración de esa moralidad que no obliga y no es la meta, sino el problema” (80). [11] Ver las penetrantes observaciones sobre este punto de J. Pieper, en Schiften zum Philophiebegriff III, ed. B. Wald (Hamburgo, 1995), 300-323, así como 15-70, esp. 59ff. [12] Cf. Gaudium st Spes, n. 78: “…numquam pax pro semper acquista est” (“la paz nunca se adquiere de una vez y para siempre”). [13] Cf. J. Fest, Die schwierige Freiheit, 79: “Ninguna de las instancias dirigidas al hombre es capaz de decir cómo éste puede vivir sin un más allá, sin temor al último día y con todo actuar una y otra vez contra sus propios intereses y deseos”. Cf. También L. Kolakowski, Falls es keinen Gott gibt (München, 1982). [14] Cf. J. Pieper, Schriften zum Philosophiebegriff III.

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